Los recientes eventos en Irán nos recuerdan la figura del último Sha de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, quien pasó sus días en exilio en México desde junio de 1979 hasta marzo de 1980. Este movimiento se dio bajo la influencia de Henry Kissinger y con la aprobación del presidente mexicano López Portillo. Tras su salida hacia Estados Unidos, por razones de salud debido al cáncer que lo aquejaba, falleció en julio de 1980. Sin embargo, su regreso a México fue negado en el contexto de la crisis de los rehenes estadounidenses en Irán, que comenzó en noviembre de 1979 y se extendió por 444 días.
Este tumulto fue un factor clave que contribuyó al desmoronamiento de la presidencia de Jimmy Carter, quien enfrentaba inflación y escasez de combustible como resultado directo de la Revolución iraní y la ascensión del ayatolá Jomeini. La crisis energética llevó a un aumento drástico en los precios del petróleo, que pasaron de 14 a 40 dólares por barril. Como consecuencia, la inflación se disparó hasta el 14%, un problema que presionó la campaña presidencial de Ronald Reagan, quien eventualmente triunfó en las elecciones.
La incertidumbre provocada por el aumento en el costo del crudo también desencadenó lo que pueden considerarse “armas de destrucción masiva”, en referencia a los petrodólares que los países de la OPEP intercambiaban por petróleo. Esta situación se tornó especialmente crítica cuando Paul Volcker asumió la Reserva Federal y elevó las tasas de interés a un récord del 20% en 1981, marcando un intento de estabilizar la economía.
El efecto mariposa de esta crisis, armado con el concepto de la teoría del caos, conecta a México, Estados Unidos e Irán en una narrativa intrigante que continúa repercutiendo hoy en día. Durante la presidencia de Reagan, surgió la crisis Irán-Contras, en la que México tuvo un papel indirecto, actuando como mediador a través del Grupo Contadora para suavizar los conflictos en Centroamérica.
Hoy, en el marco de una nueva crisis en Irán, se presentan hechos que podrían convertir al país en el epicentro de otro desafío global. La política exterior mexicana, que alguna vez fue activa y participativa, ahora parece haber tomado un giro hacia el repliegue. Este cambio fue evidente en el reciente World Economic Forum (WEF), donde la delegación mexicana careció de la atención esperada, encabezada por la secretaria de Medio Ambiente y sin la presencia del canciller.
Por contraste, el presidente argentino Javier Milei, cuya economía depende menos del comercio exterior, se hizo presente, dejando al descubierto las omisiones de México, que ha firmado 14 tratados de libre comercio y cuyo comercio exterior representa más del 80% de su PIB.
En este contexto, abrir el sector energético a la inversión extranjera podría ser una medida benéfica para la economía mexicana, que enfrenta retos de solvencia y liquidez. No obstante, la tendencia actual parece inclinarse hacia un mayor endeudamiento, lo que evoca la situación de la década de los ochenta. Aunque se alienta el hecho de que la deuda represente solo el 50% del PIB, el verdadero problema radica en la capacidad de pago. Sin medidas efectivas, el país podría estar dirigiéndose nuevamente hacia un escenario que requerirá ajustes drásticos.
El panorama actual es complejo y, por ende, la historia entre México, Estados Unidos e Irán sigue tejiendo un entramado difícil de desentrañar, con implicaciones que podrían extenderse por muchos años más.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


