La compra de mascotas a través de plataformas digitales ha tomado un giro preocupante en México, donde la demanda de perros de razas específicas ha llevado a prácticas que rayan en el maltrato animal. Casos como el de Achira, un cachorro que llegó a casa de María tras ser promocionado en un popular marketplace como “Cachorros Welsh Corgi blanco/naranja en $6.000”, son más frecuentes de lo que se podría pensar. Al recibir su nueva mascota, María se dio cuenta de que Achira era muy diferente a como se había presentado en las imágenes, pero aún así decidió quedárselo. Tras una visita al veterinario, se supo que el cachorro había sido modificado estéticamente para parecerse a esa raza, una práctica alarmante en el mercado.
La historia de Achira es solo un pequeño engranaje en un sistema que convierte a los perros en meros objetos. Otro caso es el de Brownie, una perrita bichón maltés que fue pintada para parecer un maltipoo marrón. En ocasiones más trágicas, como la de Anastacia, se han reportado casos de perros que sufren graves daños de salud debido a modificaciones estéticas, como decoloraciones con productos no aptos para animales, que causan desde quemaduras hasta ceguera.
El veterinario Alejandro Antares de la clínica Círculo Azul ha alertado sobre estas prácticas dañinas. Detalla que el uso de peróxido para descolorar el pelaje puede generar graves problemas de salud, aún más cuando se suman las irregularidades sobre la edad a la que se venden los cachorros. Con frecuencia, se aseguran que los animales son mayores de lo que realmente son, lo que puede ser verificado a través del desarrollo de la dentadura.
A pesar de que en México se prohíbe desde 2016 el corte de orejas y colas, esta práctica illegal continúa llevándose a cabo en la clandestinidad. La situación se agrava con la creación de razas nuevas o “exóticas”, que carecen de un registro adecuado y están vinculadas a problemas de salud graves. Los comerciantes que ven en el bienestar animal un mero capricho propagan esta dinámica, donde la novedad y la rareza son más valoradas que el bienestar de los animales.
Situaciones como la de Jacobo, quien tras comprar un cachorro de Shiba Inu se dio cuenta de que le habían insertado un alambre en la cola para que tuviera una forma valuada dentro del estándar estético, son cada vez más comunes. A pesar de sus esfuerzos por contactar al criadero, nunca recibió respuesta. Esta falta de responsabilidad tras la compra resalta un patrón que se repite: una vez consumada la venta, los vendedores suelen desaparecer.
En este contexto, el abandono de mascotas se convierte en una crisis cada vez más palpable. Las estadísticas indican que seis de cada diez perros adoptados son regresados, muchas veces por comportamientos considerados normales que no se comprenden adecuadamente. Este fenómeno se ve agravado por un sistema de refugios que lucha para mantenerse a flote ante una creciente carga. Las tendencias de compra impulsivas, especialmente durante fiestas como diciembre, están asociadas a un aumento en los casos de abandono.
La situación se torna más compleja ante la falta de control institucional. En lugares como Chimalhuacán, se han reportado casos alarmantes de acumuladores que mantienen a decenas de animales en condiciones de hacinamiento, aumentando la necesidad de un abordaje serio y estructurado en la protección y bienestar animal.
Desde un punto de vista legal, las leyes están presentes, pero su aplicación es mínima. La regulación sobre la venta de animales es competencia municipal, pero el comercio informal escapa a la supervisión. Aunque se han propuesto nuevas leyes para el bienestar animal, tanto activistas como expertos coinciden en que el verdadero desafío radica en la implementación efectiva de estas normativas.
A medida que la sociedad comienza a reconocer a los animales como seres sintientes, la necesidad de reforzar las protecciones legales se vuelve más urgente. Aunque se han anunciado avances, la falta de recursos y supervisión pone en entredicho la efectividad de estas medidas. La lucha por el bienestar animal no solo se trata de legislar, sino de asegurar que esas leyes se apliquen y protejan a los más vulnerables de la moda y el consumismo desmedido.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


