El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reafirmó el 25 de enero de 2026, durante ejercicios militares en el Día Nacional de la Defensa, que la mejor forma de prevenir una agresión es obligar al imperialismo a ponderar las consecuencias de atacar a Cuba. Esta declaración llega en un contexto donde las tensiones entre Estados Unidos y la isla caribeña han escalado, particularmente a raíz de amenazas de bloqueos navales que podrían interrumpir el suministro de petróleo vital a la nación.
El régimen de La Habana enfrenta una situación crítica, ya que la reciente reconfiguración de los acuerdos petroleros con el gobierno venezolano, liderado por Nicolás Maduro, señala el fin de más de 20 años de suministro de crudo. Este cambio se produce en un momento en que Cuba atraviesa una de sus peores crisis energéticas, exacerbada por el temor a la presión estadounidense sobre aliados como el gobierno de Claudia Sheinbaum en México, que ha estado enviando 17.200 barriles diarios de petróleo a la isla en 2025.
La respuesta cubana no ha sido pasiva. A través del vicecanciller Carlos Fernández de Cossío, se ha calificado la estrategia de Washington como un “ataque brutal” contra un país que no representa una amenaza para Estados Unidos. Esta retórica se acompaña de una presencia militar significativa, con tropas cubanas colaborando en Venezuela bajo el guion de operaciones de inteligencia y control político en favor del chavismo.
En la misma jornada, Díaz-Canel, vestido con uniforme militar, supervisó la Gran Unidad de Tanques de la Gloria Combativa Rescate de Sanguily, acompañado de altos mandos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). El general Roberto Legrá Sotologo, un ascendente militar en el aparato del partido, resalta por su influencia en la centralización del poder militar en Cuba.
El mandatario cubano enfatizó la relevancia de estas maniobras en el contexto de lo que considera una ofensiva hegemónica de Estados Unidos, presagiando un posible estado de guerra en la isla, especialmente tras la captura de Maduro y la muerte de 32 escoltas cubanos durante operaciones vinculadas. Esta “guerra de todo el pueblo” recuerda a la Opción Cero de los años 80, en la que Fidel Castro antepuso un enfoque similar frente a la administración de Ronald Reagan.
Con el país sumido en una crisis sistémica caracterizada por apagones que se extienden a más de 18 horas diarias en algunos lugares y largas colas en gasolineras, el gobierno de Cuba parece estar en una encrucijada. Esta situación crítica alienta reflexiones sobre el futuro del régimen y su estrategia para enfrentar desafíos tanto internos como externos, mientras el miedo a una intervención o represalias continúa latente.
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