En un entorno empresarial caracterizado por un marco regulatorio en constante cambio, el compliance, o cumplimiento normativo, ha evolucionado de ser una práctica exclusiva de las grandes corporaciones a convertirse en una necesidad imperante para las pequeñas y medianas empresas (pymes). Con el aumento de la presión regulatoria, estas organizaciones deben integrar políticas y procesos que garanticen su adherencia a la ley y, en consecuencia, protejan su operación.
La implementación de un programa de compliance en pymes no solo sirve para evitar sanciones y fraudes internos, sino que también puede mejorar significativamente la reputación de la empresa, aumentando la credibilidad ante clientes e inversionistas, y facilitando el acceso a opciones de financiamiento. De acuerdo con expertos en el tema, el cumplimiento normativo implica seguir un conjunto de políticas y procedimientos necesarios para alinearse con las regulaciones específicas del sector, lo cual incluye, de manera vital, el cumplimiento con el Sistema de Administración Tributaria (SAT).
A pesar de los beneficios evidentes, la realidad es que cerca del 50% de las pymes desconoce los aspectos fundamentales del cumplimiento normativo. Este desconocimiento es preocupante, especialmente considerando que el 60% de estas empresas perciben la sobrerregulación como un obstáculo significativo en su operación diaria. En muchas situaciones, es el propio liderazgo directivo quien asume todas las responsabilidades, encontrándose con limitaciones de tiempo y recursos para establecer sistemas de control adecuados.
Dejar de lado el compliance puede acarrear consecuencias severas. Datos de investigaciones recientes indican que, en 2024, el 40% de los negocios experimentaron al menos un intento de fraude, mientras que el 20% se relacionó con situaciones de corrupción. Además, trabajar con proveedores que no cumplan con las normativas puede resultar en sanciones fiscales o cierres temporales. Por ello, se aconseja a las pymes adoptar medidas básicas que incluyan la verificación de la legalidad y documentación de sus proveedores, para asegurar que no estén involucrados en prácticas ilegales o corruptas.
Para las pymes, la implementación de una política de compliance puede empezar por establecer relaciones comerciales únicamente con proveedores que brinden la información necesaria para confirmar la legalidad de su operación, evitando así los riesgos asociados a la corrupción y las irregularidades.
Implementar un programa de compliance en una pyme no tiene que ser un proceso engorroso. Se puede abordar desde la creación de una cultura de integridad que abarque todas las áreas del negocio, comenzando por identificar las normativas relevantes, establecer un código de ética básico y capacitar al personal en temas de integridad y prevención de riesgos. Esta disciplina, incluso con recursos limitados, puede adaptarse al tamaño y sector de la empresa, convirtiéndose en una ventaja competitiva en un entorno tan dinámico y desafiante.
Así, el compliance se posiciona como un aliado estratégico, vital para el éxito y la sostenibilidad de las pequeñas y medianas empresas en el presente y hacia el futuro. La información aquí compartida corresponde a la fecha de publicación original (2025-09-12 07:00:00).
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