Las catástrofes naturales continúan dejando una huella devastadora en la economía global, generando pérdidas que alcanzaron los 260,000 millones de dólares en 2025. Este alarmante pronóstico, delineado en un reciente informe de Aon plc, revela que, a pesar de que la cifra se mantiene por debajo del promedio histórico del siglo XXI, México ha vuelto a ser uno de los países más afectados en América Latina, específicamente por inundaciones y ciclones tropicales.
En detalle, las pérdidas aseguradas sumaron 127,000 millones de dólares, superando nuevamente la barrera de los 100,000 millones por sexto año consecutivo. Este fenómeno no solo denota la creciente severidad de los eventos climáticos, sino que también pone de manifiesto la disparidad en la penetración de seguros a nivel mundial. En Estados Unidos, el 81% de las pérdidas aseguradas se concentraron, mientras que en México la cobertura permanece limitada, lo que agrava la brecha en la protección financiera ante tales crisis.
Entre los eventos más devastadores ocurridos en territorio mexicano, las inundaciones que tuvieron lugar del 7 al 11 de octubre en el oriente del país fueron particularmente significativas, con pérdidas económicas estimadas en 750 millones de dólares y un saldo trágico de 76 fallecimientos. Estados como Veracruz, Puebla, Hidalgo y Querétaro fueron golpeados con fuerza, sufriendo daños severos en viviendas, infraestructura y pequeñas y medianas empresas, donde la contratación de seguros sigue siendo reducida.
Adicionalmente, el huracán Erick, que azotó el sur y oeste de México entre el 15 y el 20 de junio, dejó 21 muertes y pérdidas económicas alrededor de 250 millones de dólares. Este evento natural intensificó los ya persistentes desafíos del país ante el cambio climático y sus consecuencias.
El informe de Aon también destaca que en las Américas, excluyendo a Estados Unidos, solamente el 23.8% de las pérdidas económicas estaban aseguradas, evidenciando así la alta vulnerabilidad financiera de la región. Este contexto subraya la urgente necesidad de reforzar los mecanismos de transferencia de riesgos en México, incluyendo instrumentos como los seguros paramétricos, que permiten la liberación inmediata de recursos al cumplirse ciertos umbrales climáticos.
La situación es crítica, y cada día que pasa, la necesidad de un enfoque más robusto y adaptable ante las catástrofes naturales se vuelve más evidente. La protección financiera se ha convertido en una cuestión de vida o muerte para muchas comunidades, y es esencial que se adopten medidas efectivas para cerrar las brechas existentes. El futuro económico de México depende, en gran medida, de cómo se aborden estos desafíos inminentes.
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