A lo largo de la carretera de 63 millas que conecta Kolwezi y Fungurume, se alzan dos monumentos que simbolizan el control de China sobre los inmensos recursos del sudeste de la República Democrática del Congo: las grandes minas de cobre y cobalto del CMOC Group. Este panorama revela un camino bordeado de fábricas y almacenes pertenecientes a constructoras chinas y fabricantes de equipos industriales de Shandong. Estos gigantes estatales conviven con entrepreneurs de pequeñas ciudades chinas, que han desarrollado centros comerciales, casinos y hoteles en la región.
En menos de veinte años, China ha penetrado todos los niveles del negocio de los recursos en el cinturón de cobre del Congo, abarcando desde comerciantes artesanales hasta colosos multinacionales como CMOC, radicada en Shanghái, que se ha convertido en el mayor productor de cobalto a nivel global tras hacer sombra a Glencore Plc en 2023. Sin embargo, la situación ha llevado a los políticos congoleños a buscar nuevas alianzas, sorprendiendo a muchos al acercarse a la Casa Blanca de Donald Trump.
En un movimiento inesperado, el Congo impactó a los mercados globales al prohibir todas las exportaciones de cobalto en febrero de 2025, una medida que pretendía reanimar precios que caían a niveles alarmantes. Además, esta acción se interpretó como un mensaje a CMOC por exceder sus ambiciosas metas de producción y desestabilizar los precios del mercado.
A pesar de ser responsable del 75% de la producción mundial de cobalto, el Congo enfrenta el desafío de que las empresas chinas, no sus políticos en Kinshasa, dominan los precios de un recurso crucial para los sectores de baterías y aeroespacial. Esta frustración llevó al presidente Felix Tshisekedi a buscar un acuerdo con Estados Unidos, ofreciendo acceso a los minerales del país a cambio de apoyo para resolver conflictos internos, especialmente en el este, donde grupos rebeldes, apoyados por Ruanda, amenazan la estabilidad del gobierno.
Un interés renovado de Estados Unidos por asegurarse el acceso a minerales críticos ha surgido en este contexto. La administración Trump considera vital la seguridad de estos recursos, y se ha reflejado en los diálogos con Tshisekedi, donde se discutieron planes que podrían permitir la inversión estadounidense en el sector minero del Congo.
Sin embargo, el desafío es notable; China ha establecido una presencia sólida en el mercado de minerales críticos en el continente africano, y cualquier acuerdo entre el Congo y Estados Unidos podría tensar aún más las ya complejas relaciones internacionales. Con una inversión de aproximadamente 9,000 millones de dólares en sus minas desde 2016, China ha sido fundamental para la triplicación de la producción de cobre y el significativo aumento de la producción de cobalto en el país.
El valor del comercio entre el Congo y China alcanzó casi 27,000 millones de dólares en 2024, en contraste con los apenas 820 millones de dólares de comercio con Estados Unidos durante el mismo periodo. Este marco subraya la importancia del Congo en el mercado global de minerales y el delicado equilibrio de poder que se ha establecido entre las naciones involucradas.
Como parte de esta dinámica, ambos países firmaron a finales de abril una “declaración de principios” que busca acercar posiciones y promover un acuerdo de paz, lo que podría allanar el camino para una colaboración más intensa en el ámbito de los recursos minerales. Sin embargo, la postura de Estados Unidos, que acusa a China de restringir el acceso a minerales clave, sugiere que las tensiones entre estas dos potencias continuarán en el futuro cercano.
La situación en el Congo es, sin lugar a dudas, un reflejo de las complejas interacciones geopolíticas contemporáneas, donde los recursos naturales se convierten en el centro de intereses globales, poniendo de relieve la búsqueda constante de poder, influencia y estabilidad en una región rica en minerales cruciales para el desarrollo industrial.
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