En las últimas semanas, ha habido un notable enfoque en el cometa 3I/ATLAS, un objeto interestelar que, pese a la incertidumbre que se ha suscitado sobre su naturaleza, se destaca como el mejor observado hasta la fecha. Las imágenes y espectros obtenidos revelan sin lugar a dudas que se trata de un cometa, no un fenómeno misterioso ajeno a la ciencia.
Desde su descubrimiento, grupos de investigación, como el del ICE-CSIC/IEEC, han seguido su trayectoria con precisión, utilizando el Telescopio Robótico Joan Oró para capturar imágenes que ya el 5 de julio de 2025 mostraban su distintiva coma, la cual es una característica fundamental de los cometas.
En un estudio reciente dirigido por la profesora Bin Yang de la Universidad Diego Portales de Chile, se emplearon avanzadas herramientas en los telescopios Gemini-S/GMOS y NASA IRTF/SpeX para analizar 3I/ATLAS. Las observaciones realizadas pocos días después de su detección han sido cruciales, ya que logran evitar que la actividad asociada a la sublimación de hielos enmascare otros aspectos del objeto. Los espectros obtenidos en diferentes rangos apuntan claramente a su naturaleza cometaria.
Además, se observa que en el rango óptico, 3I/ATLAS presenta características similares a ciertos asteroides de clase espectral D, conocidos por su color rojizo y muy baja reflectividad. Sin embargo, su espectro en el infrarrojo cercano muestra un comportamiento que sugiere una abundancia de grandes granos de hielo de agua en su coma.
En investigaciones donde también participa la muy respetada astrobióloga Karen J. Meech, se ha desarrollado un modelo espectral que simula el comportamiento del cometa. Se ha propuesto que su composición incluye aproximadamente 70% de un meteorito conocido como Tagish Lake y 30% de hielo de agua, lo que proporciona una estimación de la naturaleza de su coma.
Los estudios subrayan que 3I/ATLAS es un cometa activo que presenta una considerable cantidad de hielo de agua, con propiedades de polvo más próximas a las de los asteroides tipo D que a las de los objetos transneptunianos. Esta información sugiere que podría haberse formado en una región interior de un sistema planetario, siendo expulsado debido a la gravedad de un planeta.
Contrario a algunas especulaciones, se confirma la existencia de una coma, que a pesar de que el diámetro del objeto es relativamente pequeño, no habría sido posible su detección sin esta envoltura. La coma se extiende a unos 350,000 km del núcleo del cometa, y su composición es predominantemente de dióxido de carbono, lo que genera una nube de polvo y gas que emana del núcleo debido a la sublimación.
El análisis sugiere que la actividad cometaria de 3I/ATLAS, a pesar de su antigüedad en la Vía Láctea, podría ser limitada, dado su largo viaje a través del espacio. Mientras tanto, se prevé que futuras observaciones por parte de diversas sondas espaciales, como la misión Psyche de la NASA, proporcionen más información sobre este intrigante objeto interestelar.
3I/ATLAS se presenta así como un cometa familiar en términos de su composición, aunque su origen resalta su singularidad al haberse formado en un sistema distante. Este descubrimiento no solo añade valor a nuestra comprensión de los cometas interestelares, sino que también plantea un abanico de posibilidades para futuras investigaciones sobre su origen y comportamiento en el vasto cosmos.
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