México, un país de riqueza cultural y artística incalculable, enfrenta desafíos críticos en la preservación de su legado. Este acervo no solo refleja su historia, sino que también cobra vida a través de la historia de sus protagonistas y sus legados, protegidos por leyes que buscan frenar el tráfico y la venta ilegal de piezas artísticas. Sin embargo, dos casos recientes han puesto de manifiesto la fragilidad de estas protecciones y han dejado a la luz un entramado de conflictos legales y éticos respecto a dos colecciones de notoria importancia.
El primer conflicto involucra a 148 obras de Diego Rivera, 126 de Frida Kahlo y otros destacados artistas que alguna vez pertenecieron a Dolores Olmedo. Tras su fallecimiento en 2002, Olmedo dejó claro en su testamento su deseo de que su colección permaneciera en su residencia de La Noria, en Xochimilco, donde se debía establecer un museo para el público. Se estipuló que el acervo nunca debía abandonar La Noria, salvo por préstamos temporales autorizados por un Comité Técnico presidido por su hijo, Carlos Phillips Olmedo (CPO). Sin embargo, en 2016, CPO modificó el contrato del fideicomiso, y en marzo de 2020, procedió a revocar el fideicomiso establecido con NAFIN, transfiriéndolo a CI Banco sin proporcionar explicaciones.
El cierre del Museo por cinco años, inicialmente destinado a procesos de restauración, se complicó aún más con el anuncio de un nuevo museo en el Parque Aztlán de Chapultepec para albergar las obras. Este movimiento ha generado confusión y críticas, pues hasta ahora no se han aclarado las acusaciones de opacidad en la gestión del museo y el Comité Técnico, dejando en entredicho la voluntad testamentaria de Olmedo. El dilema se presenta en un ámbito legal gris, donde la esencia del patrimonio nacional se ve amenazada por decisiones de herencia y fideicomisos privados.
El segundo caso, reportado por la periodista Guadalupe Loaeza, se refiere a la colección de Jacques y Natasha Gelman, que incluye alrededor de 300 obras de gran renombre, como las de Rivera, Kahlo y Siqueiros. Este acervo fue cuidadosamente reunido por los Gelman a lo largo de más de cinco décadas. En su testamento de 1993, Ley estableció que la colección debía permanecer unida y en territorio mexicano. Sin embargo, en 2023, el albacea de la herencia vendió ilegalmente la colección a la familia Zambrano, quien ahora la tiene fragmentada y expuesta en subastas internacionales. Más recientemente, se ha anunciado que la Fundación Banco Santander exhibirá esta colección en El Faro Santander, en Cantabria, España, lo que pone en riesgo la integridad del legado mexicano.
Estos casos resaltan la falta de una política cultural sólida en el país, así como la complacencia de las autoridades ante la conservación del patrimonio nacional. La situación actual exige una atención urgente para garantizar que estas obras, símbolo de la historia y la cultura de México, sean preservadas y respetadas, evitando que se conviertan en meros objetos en el comercio internacional del arte. La defensa de nuestro patrimonio cultural es una responsabilidad colectiva, y es fundamental que nuestra legislación y nuestras instituciones se fortalezcan para hacer frente a estos retos.
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