Cuando un niño de siete años escucha una grabación de la Chaconne de Bach-Busoni, la emoción es paralela a la que podría sentir al ver a un ícono del fútbol en acción. Para ese niño, la música es un rayo de luz en un mundo gris. Desafortunadamente, ese mismo niño había enfrentado un sufrimiento inimaginable: había sido víctima de abuso sexual por parte de un docente durante dos años. A pesar de mostrar todos los signos de trauma —terrores nocturnos, temblores, incontinencia e interminables dolores estomacales—, guardó el secreto, sintiéndose atrapado en un conflicto de poder y vulnerabilidad.
La música clásica, a menudo considerada fría o distante, se convierte en un refugio. Bach, en particular, canalizó su propio sufrimiento en su obra; tras perder a su esposa sin oportunidad de despedirse, compuso la Chaconne, transmitiendo una profunda verdad sobre la lucha humana y la esperanza entre la desesperación. La música puede parecer la voz de un alma buscando alivio. Esta pieza, en particular, ofrece un sentimiento de continuidad, como si siempre hubiera algo más que decir, incluso después de una pérdida.
Al llegar a la adolescencia, a los 14 años, el niño comenzó formalmente su educación musical. A los 18, recibió una beca para el Guildhall, pero sus padres decidieron que debía asistir a una “universidad adecuada” y su pasión se vio forzada a tomar un descanso de diez años. Durante ese tiempo, trabajó en un empleo que detestaba. A finales de sus 20 años, regresó al piano, impulsado por la misma devoción de su niñez. Aunque el aprendizaje en la adultez implicaba un reto mayor, su determinación floreció; el sentido de deuda hacia la música que había sido su salvación creció más allá de cualquier talento o ambición.
El cambio monumental ocurrió a los 31 años, cuando se encontraba en un hospital psiquiátrico tras intentar quitarse la vida. Un amigo le había llevado un iPod nano con una grabación del Concierto en Re menor de Bach, interpretado por Glenn Gould. A pesar de estar medicado, fue como si regresara a ser ese niño que escuchaba música clásica por primera vez. Esa grabación no solo lo cautivó, sino que también le ofreció una reafirmación vital: si algo tan puro y bello podía existir, había razones para vivir.
Con el tiempo, lanzó su primer álbum y, hasta la fecha, ha logrado publicar ocho discos, compartiendo escenarios con aquellos que fueron sus héroes. Sin embargo, el trauma del abuso infantil no desaparece; persiste, formando parte de la identidad de quien lo ha vivido. El abusador fue eventualmente arrestado y enfrentó múltiples cargos de violación, aunque falleció antes de poder ser juzgado.
La música se convirtió en una herramienta esencial para navegar la vida tras el abuso, proporcionando herramientas para sobrellevar un pasado marcado por el secreto y la vergüenza. Las piezas de Bach representan un viaje emocional, transformando el sufrimiento en belleza. Estas obras musicales ofrecen recordatorios constantes de que, a pesar de las sombras, hay luz y esperanza en el mundo, siempre y cuando se busquen con empeño.
Este encuentro inicial con la música fue un momento decisivo. La vida podría haber tomado caminos radicalmente diferentes sin la influencia de la Chaconne. Al descubrir esa grabación, el niño encontró un ancla en medio del caos, una afirmación de que no todo es malo en este mundo. Esa creencia, que surgió a los siete años, permanece viva hasta hoy.
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