En el emblemático Transamerica Pyramid Center de San Francisco, se exhiben por primera vez 12 esculturas de Max Ernst, creadas durante su colaboración artística y personal con Leonora Carrington entre 1938 y 1939. Esta singular exposición ofrece una valiosa oportunidad para explorar las obras de estos dos influyentes personajes del surrealismo, reflejando su innovador estilo y la rica interacción que compartieron en su vida conjunta.
La pareja habitó intermitentemente una casa en Saint-Martin-d’Ardèche, en el sur de Francia, donde Ernst volcó su creatividad al decorar el exterior de su hogar con esculturas de cemento que fusionan elementos de aves y humanos. Carrington, por su parte, contribuyó con una escultura de yeso en forma de cabeza de caballo. Estos animales, como el pájaro y el caballo, se convirtieron en símbolos totémicos que representaban su vínculo, mientras que las esculturas también servían como defensas ante las adversidades de la vida, desde la presión de ex cónyuges hasta las tensiones del movimiento surrealista.
Los bronces ahora presentados son réplicas realizadas con moldes de yeso después del fallecimiento de Ernst, con la participación de su familia y su viuda. La correcta disposición de las obras en el centro refleja su original posicionamiento en el jardín de su antigua casa, donde un trío de esculturas imponentes da la bienvenida a los visitantes, evocando la atmósfera única del lugar.
Durante su estancia en la casa, los artistas vivieron un periodo crucial que influyó en su trayectoria. Ernst, en particular, experimentó un renacer en la escultura, mientras Carrington utilizaba el entorno doméstico para plasmar personajes hybridos. Este conjunto de obras tridimensionales no solo es un testimonio de su arte, sino también un reflejo de las tensiones sociopolíticas de la época, ya que su espacio se convirtió en un refugio para figuras del surrealismo.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial alteró drásticamente sus vidas. Ernst fue detenido al ser considerado “enemigo aliado” y, tras varios arrestos, Carrington huyó a España con la intención de cruzar el Atlántico. A pesar de los desafíos, su legado artístico perdura, y la casa en la que residieron fue declarada espacio histórico, preservando un fragmento de su vida y obra.
Aunque muchas de las esculturas originales han desaparecido debido al desgaste del tiempo, las que se exhiben en San Francisco son testimonios de su ingenio y el poder de su colaboración artística. Estas obras no solo capturan la esencia del surrealismo, sino que también celebran un periodo de creatividad e innovación en el que Ernst y Carrington transformaron su hogar en una verdadera obra de arte.
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