El 7 de febrero de 2026, dará comienzo uno de los eventos más esperados del calendario deportivo: el Mundial masculino de cricket en su modalidad T20. Este torneo, que se celebrará en India y Sri Lanka, contará con la participación de 20 equipos, incluidos algunos de los países más poblados y apasionados por el cricket, como India (1.450 millones de habitantes), Pakistán (240 millones) y Bangladesh (176 millones). En el contexto de estas naciones, el cricket trasciende lo meramente deportivo, convirtiéndose en un símbolo de identidad nacional.
Sin embargo, este Mundial está precedido por una serie de tensiones políticas que complican el ambiente competitivo. Las relaciones entre Bangladesh e India han alcanzado un nuevo punto crítico, principalmente por el trasfondo político que incluye la condena de la primera ministra Sheikh Hasina, quien se ha visto obligada a buscar asilo en India tras ser perseguida por adversarios políticos. Este conflicto ha llevado a una escalada de amenazas entre las comunidades y ha impactado directamente en el ámbito deportivo.
Recientemente, el Consejo de Cricket de India (BCCI) tomó la decisión de expulsar al jugador bangladesí Mustafizur Rahman de la Premier League india citing “razones de seguridad”. Esta medida fue interpretada por Bangladesh como una amenaza que pone en riesgo la seguridad de todo su equipo. En respuesta, la Junta de Críquet de Bangladesh ha solicitado que los partidos se jueguen en Sri Lanka, pero la ICC ha desestimado dicha petición, planteando un ultimátum de solo 24 horas para confirmar su participación en el torneo.
La situación ha generado críticas por parte de oficiales bangladesíes, quienes argumentan que la ICC y el gobierno indio son incapaces de garantizar la seguridad de su equipo. Asif Nazrul, asesor deportivo del gobierno de Bangladesh, ha señalado la incongruencia de que India no pueda asegurar la protección de un solo jugador, mientras se les pide que confíen en su capacidad para proteger a un grupo completo.
La tensión ha llevado a Bangladesh a prohibir las retransmisiones de la Premier League india, lo que ha resultado en una disminución significativa de la audiencia al restar 200 millones de espectadores. Se anticipa que, de no llegar a un acuerdo, Escocia ocuparía el lugar de Bangladesh en el Mundial, lo que podría afectar el interés general, dado que la audiencia y la rivalidad en cricket son significativamente distintas.
La última vez que un conflicto político tuvo un impacto tan directo en el cricket fue durante otras disputas entre naciones de este mismo entorno, y ahora la historia parece repetirse. A medida que se acercan las fechas del torneo, el desarrollo de estos acontecimientos seguirá capturando la atención de aficionados y analistas por igual. La intersección entre deporte y política en esta región del mundo no deja de ofrecer un análisis intrigante y revelador, mientras se espera con impaciencia el inicio del Mundial.
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