G-20 comienza un acuerdo producido por el consentimiento de todos los miembros este martes en la localidad balinesa de Nusa Dua y llegan a una conclusión, las agencias Reuters y France Presse, que “la era actual no debe ser de guerra” y consideran “inadmisible el uso o la amenaza de uso de armas nucleares”. Los negociadores diplomáticos han hallado un acuerdo sobre un texto que se espera sea refrendado por los líderes.
El texto también hace referencia a una resolución de la Asamblea General de la ONU que condena de la agresión rusa.
La espera de su formalización, ese es el lenguaje que parece haber permitido un consenso que muchos expertos consideraban improbable en la víspera de la cumbre a la vista de las profundas divisiones. Múltiples factores parecen haber empujado en la dirección de lograr una declaración común en tiempos de fuerte división internacional. Algunos elementos apuntan a que ni China ni India quisieron aceptar una ruptura para apoyar a Rusia, y que Moscú parece dispuesta a aceptar un lenguaje que no es ideal para ella.
Mientras tanto, el líder de China, Xi Jinping, criticó la sesión matutina la instrumentalización de productos alimenticios y la energía con fines geopolíticos, una declaración sin duda poco favorable para Rusia. Xi también se posicionó en contra de las sanciones unilaterales, en un dardo contra Occidente, pero la frase sobre alimentos y energía en plena cumbre es novedosa y no es una buena señal para el Kremlin.
Los discursos del G-20
La gran mayoría de líderes, entre los que estaban Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y todos los europeos, incluido el español Pedro Sánchez, con durísimas críticas a Putin y su invasión de Ucrania. Por consiguiente, los que se colocan en una posición más intermedia, el más claro de ellos China, pero también India, Brasil o México, que evitan criticar tan abiertamente a Rusia. De hecho, para evitar problemas diplomáticos, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, fue situado entre sus colegas de México y Brasil, de manera que evitaba fotografías con algunos de los presidentes más críticos con Moscú. Estos países, según las mismas fuentes, evitaron las críticas más duras a Rusia, pero tampoco apoyaron en ningún momento su posición, por lo que se vio muy claramente su aislamiento.
La tercera posición
Lavrov, que habló después de Volodímir Zelenski, aseguró que tenía que contestar a lo que había dicho el presidente ucranio. El ministro ruso manifestó que la guerra en Ucrania pretende la “desnazificación” de este territorio, acusó a los países occidentales de un “nuevo colonialismo” y les culpó de la crisis alimentaria por las sanciones impuestas a Rusia. Aun así, algunos vieron en Lavrov algún cambio positivo, por dos elementos fundamentales. Primero, porque todo apunta a que se podrá firmar un comunicado, al contrario de lo que sucedió en el G-20 de ministros de exteriores, que terminó sin texto pactado. Y, segundo, porque Lavrov, al contrario de lo que hizo en ese foro anterior en Bali y la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York, no se levantó cuando terminó su discurso y escuchó a todos los demás participantes, incluido Zelenski, por lo que aguantó críticas durísimas.
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