El actual entorno económico mexicano presenta una narrativa compleja que es fundamental comprender en su totalidad. Recientemente, las remesas han comenzado a declinar, un hecho que ha pasado desapercibido para muchos, particularmente aquellos que siguen de cerca el discurso gubernamental. A pesar de los intentos por reforzar la idea de que estas transferencias son un logro del régimen, la realidad es que su disminución es un indicador significativo de los desafíos económicos presentes.
A la fecha de 2025, la Tasa de Informalidad Laboral ha alcanzado 55.7% en la Población Económicamente Activa, lo cual debe alertar sobre las posibles repercusiones del reciente aumento al salario mínimo, especialmente en las pequeñas empresas que pueden no estar preparadas para absorber este incremento sin poner en riesgo su operatividad.
En cuanto al tipo de cambio, es evidente que se han realizado excesos al afirmar que la fortaleza del peso es sinónimo de una economía robusta. Comentarios de figuras como la presidenta Sheinbaum han sugerido que la cotización del peso, que estuvo en 18.29 por dólar el mes anterior y tocó 18.15 recientemente, es un reflejo de la transición a un modelo económico centrado en el bienestar. Sin embargo, es crucial señalar que este fortalecimiento no se asocia exclusivamente con políticas internas, sino que es en gran medida un resultado de factores externos, como un debilitamiento global del dólar y una política monetaria menos estricta por parte de la Reserva Federal estadounidense.
Adicionalmente, un aspecto que atrae capitales hacia el peso es el nivel de las tasas de interés en México, que actualmente se ubica en un 7.25%. Esto está relacionado con el fenómeno del carry trade, donde los inversores toman prestado en monedas con tasas de interés más bajas para invertir en activos de países con tasas más altas. Esta dinámica, sin embargo, es sensible a cambios repentinos; si las tasas en la moneda de endeudamiento aumentan o si México pierde su grado de inversión, podría desencadenarse un cambio veloz en los flujos de capital.
Es imperativo reconocer que la apreciación actual del peso está siendo impulsada por factores financieros más que por mejoras en las remesas, en el nearshoring o en la demanda de exportaciones. Si bien la fortaleza del peso puede parecer positiva al contribuir a una moderación de la inflación y a reducir los costos de la deuda externa, también plantea retos significativos. Por ejemplo, una moneda fuerte puede depreciar el poder adquisitivo de las remesas en el país y afectar la competitividad de las empresas locales.
La conclusión es clara: mantener una moneda estable y predecible es esencial. La reciente apreciación del peso, si bien tiene sus beneficios, también representa un arma de doble filo. La economía mexicana se encuentra en un estado delicado, donde cada movimiento de la moneda puede tener consecuencias profundas y duraderas. En un contexto global incierto, es crucial seguir de cerca cómo se desarrollan estos factores y sus implicaciones para el futuro de México.
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