El lunes pasado, la agencia Bloomberg reveló que Pemex canceló un embarque de crudo destinado a Cuba, que debía llegar a la isla a bordo del petrolero Swift Galaxy antes de finalizar el mes. Esta decisión, que no ha sido aclarada por Pemex ni por la Secretaría de Energía, enciende interrogantes en torno a la naturaleza de la cancelación. Muchos sugieren que el silencio podría deberse a presiones externas; cuando una anulación es de carácter técnico, suele acompañarse de explicaciones, mientras que una política tiende a permanecer oculta.
La relevancia del asunto radica principalmente en la relación actual entre México y Estados Unidos. Desde que Donald Trump convirtió cualquier gesto energético hacia Cuba en un tema controvertido, incluso amenazando con “CERO petróleo ni dinero para Cuba”, cada movimiento de Pemex hacia la isla debe ser analizado bajo la lupa de esta compleja dinámica.
Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum se refirió al tema sin tocar la cancelación del embarque. En cambio, defendió el apoyo a Cuba como una decisión soberana, con un fuerte componente humanitario y un respaldo histórico. Sin embargo, surge una contradicción notable. Si la política de solidaridad con la isla permanece intacta, ¿por qué se canceló un cargamento ya programado?
Es oportuno recordar que esta relación no se originó con la actual administración; México ha mantenido una postura de apoyo hacia Cuba desde el inicio del embargo estadounidense en 1962, continuando incluso durante administraciones del PAN. En este contexto, es curioso cómo Trump, más interesado en ganar que en principios, puede influir en decisiones que afectan el Tratado de Libre Comercio, la inversión y el empleo en México.
Un aspecto crítico a considerar es que el envío de petróleo a Cuba podría no beneficiar a su población, sino a un régimen que, según muchos, ha exacerbado la crisis en la isla. De manera similar, el sistema de colaboración médica se percibe como explotación, donde la mayoría de los ingresos terminan en manos del gobierno cubano, dejando a los profesionales de la salud con salarios miserables.
Además, la lógica detrás del embargo ha ido perdiendo su sustento original. Nació en el contexto de la Guerra Fría, pero hoy día afecta sobre todo a los cubanos, convirtiéndose en un argumento que el régimen de Miguel Díaz-Canel utiliza para justificar su fracaso económico y su permanencia en el poder.
Cuestionar el embargo no implica otorgar legitimidad al gobierno cubano. A día de hoy, Cuba parece exportar no revolucionarios, sino médicos y fuerzas de seguridad a países aliados. Así, México podría, en principio, oponerse al embargo mientras decide no subsidiar a un régimen que ha fracasado desde sus inicios, sin que la influencia de Trump sea un dictado en la política mexicana.
La suspensión del embarque ha generado dudas y, mientras Pemex continúe sin ofrecer explicaciones, la incertidumbre crecerá. También existe el riesgo de que se erosione la credibilidad que la presidenta Sheinbaum ha construido entre la mayoría de los mexicanos.
A medida que este tema se desarrolla, resulta fundamental mantener una mirada crítica y analítica sobre las decisiones económicas y políticas que impactan tanto a la región como a la población que se ve afectada.
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