El fenómeno conocido como “silencio sísmico”, o seismic gaps en inglés, ha cobrado relevancia en el contexto geológico de la falla de San Andrés, un sistema que se extiende a lo largo de la costa de California y representa un límite crucial entre la placa del Pacífico y la placa Norteamericana. Aunque el término puede inducir a pensar en una inactividad sísmica, en realidad se refiere a la prolongada ausencia de grandes terremotos en un segmento específico de la falla. Este silencio implica una preocupante acumulación de energía tectónica, lo que podría preceder a una liberación abrupta en el futuro.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el silencio sísmico se manifiesta cuando una falla permanece bloqueada por décadas o incluso siglos, impidiendo el deslizamiento natural entre las placas. En la falla de San Andrés, este fenómeno es especialmente notable en su sección sur, donde no se ha registrado un sismo significativo desde 1857, año que marcó el devastador terremoto de Fort Tejón. Este evento, considerado uno de los más intensos en la historia de California, tuvo una magnitud estimada entre 7.8 y 7.9, afectando a más de 300 kilómetros de la falla.
La preocupación que suscita este fenómeno radica en el riesgo que representa. La sección sur de la falla de San Andrés ha superado el promedio histórico de recurrencia para grandes terremotos, lo que la pone en el punto de mira de los científicos como una zona con alto potencial para generar un sismo significativo en el futuro. A pesar de que no es posible predecir con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, el concepto de silencio sísmico ayuda a evaluar el riesgo sísmico, ya que no debe interpretarse como calma, sino como una fase previa a una posible liberación de energía.
Los posibles efectos de un sismo fuerte en la falla de San Andrés no se limitarían a California; México, particularmente su noroeste, también podría sentir sus consecuencias. Estados como Baja California serían los más vulnerables debido a su proximidad a la falla y a la presencia de estructuras geológicas como la falla Imperial y la de Mexicali. En este país, los movimientos telúricos podrían ser perceptibles en Sonora y Sinaloa, aunque las regiones del centro y sur no enfrentarían afectaciones directas, ya que su actividad sísmica está vinculada principalmente a la subducción del Pacífico mexicano.
El terremoto de Fort Tejón, ocurrido el 9 de enero de 1857, se mantiene como un referente crucial, pues desde entonces la sección sur de la falla no ha liberado energía mediante un terremoto de gran magnitud. Este largo periodo sin actividad ha alimentado la preocupación en la comunidad científica y en la población.
En conclusión, el silencio sísmico que caracteriza actualmente a la falla de San Andrés debe ser objeto de atención seria. La acumulación de energía tectónica en esta zona podría resultar en una liberación catastrófica en un futuro no muy distante. Mientras tanto, la vigilancia y la preparación son esenciales para mitigar los riesgos que conlleva esta inquietante realidad geológica.
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