El 31 de enero de 2026, en el intrincado panorama político de Italia, la ultraderechista Liga, liderada por Matteo Salvini, enfrenta un momento crítico. Desde las últimas horas, ha surgido la inquietud sobre la posible ruptura de su segundo al mando, Roberto Vannacci, un europarlamentario con antecedentes militares que ha demostrado ser polémico. Vannacci está considerando la creación de un nuevo partido llamado Futuro Nacional (FN), cuya imagen ya ha sido registrada y que lleva su propio apellido. Si se concretara esta escisión, representaría una dura competencia para la Liga dentro de un espectro político que ha estado bajo su dominio.
Salvini, consciente de las alarmantes señales, se dirigió a sus seguidores en un evento en la región de Abruzos, resaltando la importancia de la unidad en una época preelectoral: “La historia enseña que quien sale de la Liga acaba en la nada”. Esta declaración, lejos de consolidar a la militancia, fue interpretada como una advertencia ante los rumores crecientes de deserciones.
El diseño del nuevo logo de FN, que evoca símbolos de la extrema derecha italiana con su llama en los colores de la bandera y tipografía que recuerda a la Italia de Mussolini, genera controversia. Vannacci intenta minimizar el revuelo, argumentando que su registro representa “solo un símbolo”. Sin embargo, en su círculo cercano se insinúa que busca presionar para obtener más garantías dentro de la Liga y así poder defender sus posturas radicales, las cuales han comenzado a generar tensiones con los sectores más moderados del partido.
Las encuestas sugieren una erosión en el apoyo al partido de Salvini, lo que ha llevado a voces más radicales a cuestionar sus estrategias. Esta situación ha debilitado la autoridad del líder, aunque su posición como máximo dirigente quedó reafirmada en el último congreso en abril de 2025, donde fue reelecto hasta 2029. A pesar de los rumores, el líder se mostró seguro, restando importancia a la crisis interna: “Si los periodistas sienten pasión por ello, adelante. Pero para los italianos, no hay problemas”.
En este contexto, se espera un encuentro entre Salvini y Vannacci para abordar las tensiones. Es evidente que la voz de Vannacci atrae a un electorado conservador, y su apoyo en las bases del partido es notable. Salvini, como vicepresidente del Gobierno, se enfrenta a una semana decisiva marcada por la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina, lo que le obliga a resolver esta crisis organizativa con prontitud.
La estrategia de Vannacci podría interpretarse como un intento de emular movimientos similares en otras partes de Europa, buscando posicionar un grupo radical fuera de las responsabilidades de gobierno. Dado que ha sido elegido por Salvini por sus ideas innovadoras sobre temas controvertidos, como la inmigración y derechos civiles, su salida podría cambiar drásticamente el equilibrio político en Italia, una nación en constante evolución desde que Vannacci obtuvo más de 500,000 votos en las recientes elecciones europeas.
La situación sigue en desarrollo, poniendo de manifiesto la complejidad del panorama político italiano y las dinámicas en juego que podrían reconfigurar la ultraderecha en los próximos años.
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