La preservación del arte y su contexto histórico es un tema que siempre despierta pasiones. En el caso del envolvente Tríptico trotskiano, del artista Vlady, se evidencian no solo los conflictos de su época, sino también la lucha por mantener viva la memoria de la Revolución Rusa. La investigadora Silvia Noemí Vázquez Solsona ha instado a buscar un lugar permanente para esta obra, considerada de vital importancia para la historia del arte, tanto a nivel universal como en México.
El tríptico, compuesto de tres grandes paneles —Magiografía bolchevique (1967), Viena 19 (1973), y El instante (1981)—, fue diseñado originalmente para el Museo Casa León Trotsky. Cada panel, de impresionantes dimensiones de 3.16 por 4 metros, refleja episodios significativos de la vida de León Trotsky, presentado no solo como un documento histórico, sino también como un mito sobre el héroe trágico del siglo XX.
El recorrido de estas obras ha sido tumultuoso. Aunque Magiografía bolchevique ha sido adquirido por el Museo de Arte Moderno (MAM), su paradero en cuanto a los otros dos paneles sigue siendo nebuloso. Vázquez Solsona menciona la falta de registros claros sobre la llegada de estas obras al museum. Se han encontrado discrepancias en la información, lo cual subraya la necesidad de una investigación más exhaustiva.
La restauración del Tríptico trotskiano fue posible después de salir de la bodega del MAM tras 16 años. A pesar de su reciente restauración, Vázquez Solsona advierte sobre el estado doloroso de la obra, que carece de bastidores y se encuentra enrollada, lo cual subraya la urgencia de un rescate adecuado para asegurar su preservación y presentación.
Vlady, considerado una figura incomprendida y a menudo olvidada del arte, ha dejado una huella indeleble en la memoria colectiva a través de su obra. Su uso de técnicas diversas, desde la pintura al óleo hasta métodos más contemporáneos, y el enfoque de su narrativa artística se entrelazan con su herencia familiar y revolucionaria, haciendo su obra una exaltación del legado histórico.
El arte, en este contexto, no solo busca la contemplación, sino que también presenta un camino hacia la reflexión sobre la historia, el dolor y la resistencia. El Tríptico trotskiano es más que una simple representación; es una advertencia sobre las sombras que siguen a los grandes movimientos políticos, creando un espacio para el diálogo que es tanto histórico como emocional.
La presentación del libro Vlady, Trípico trotskiano: El héroe trágico del siglo XX en el Museo de Arte Moderno resalta no solo la obra en sí, sino también el esfuerzo continuo por otorgarle el valor que merece. Este esfuerzo también se refleja en futuras actividades programadas dentro de la Feria del Libro de la UACM, lo que subraya el interés y la vitalidad de la discusión en torno a la obra de Vlady.
Dado su valor intrínseco y su relevancia histórica, el Tríptico trotskiano no debe quedar relegado al olvido; necesita un espacio destacado donde pueda ser estudiado, contemplado y, sobre todo, valorado como un pilar del arte que narra una época tumultuosa y cautivadora de la historia humana.
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