Un terrible accidente aéreo ha dejado una herida profunda en la comunidad de Ahmedabad, India. A aproximadamente 30 minutos antes de la tragedia, Ravi Thakor, un cocinero de una residencia universitaria, dejó atrás a su hija de dos años y a su madre para repartir almuerzos. En ese preciso instante, su vida dio un giro desgarrador: el avión de Air India, que llevaba 242 personas a bordo, se estrelló contra la residencia, llevándose consigo las esperanzas de muchas familias.
La familia de Thakor se enfrenta a la incertidumbre. Su madre y su pequeña hija han desaparecido entre los escombros, y él aguarda lo que ha denominado su “segundo milagro”, recordando la milagrosa supervivencia del único pasajero que logró escapar con vida del avión: Viswashkumar Ramesh, quien se deslizó por una escotilla rota y salió del siniestro con heridas leves.
A medida que Thakor busca a sus seres queridos en hospitales y depósitos de cadáveres, la policía ha catalogado su situación como un caso de personas desaparecidas. Con un tono de angustia, Thakor relata su experiencia: “Primero pensé que el estruendo era una explosión de gas, pero al observar el edificio envuelto en llamas, la realidad se hizo evidente”.
El impacto de la tragedia se siente en toda la comunidad, donde se estima que al menos 271 personas han perdido la vida, incluidos los pasajeros del avión y las víctimas en tierra, la mayoría de ellas dentro del edificio en llamas. La búsqueda es complicada; las autoridades han instado a las familias a ser pacientes, ya que el proceso de identificación de las víctimas puede ser largo. Hasta el momento, solo se han identificado a 32 fallecidos a través de pruebas de ADN.
La residencia, una vez llena de vida con estudiantes almorzando, ahora se asemeja a un campo de devastación. Muchos de los que estaban presentes aún no han podido digerir la magnitud de la tragedia. Sobre las mesas que sobrevivieron al impacto aún hay platos y vasos, un recordatorio escalofriante de lo que ocurrió.
Los planes de Thakor se han deshecho en cuestión de minutos. Su esposa, Lalita, permanece a su lado, mientras ambos mantienen la esperanza de un desenlace positivo a pesar de que las probabilidades disminuyen día a día. “Somos conscientes de que las posibilidades de encontrarla viva son escasas, pero no hemos perdido la esperanza”, declara.
La historia de Ravi Thakor y su familia sirve como un poderoso recordatorio de la fragilidad de la vida y la devastación que puede causar un solo momento de descontrol. Mientras la comunidad se une en su dolor, la búsqueda de los desaparecidos continúa, y las familias aguardan ansiosamente algún tipo de cierre en este capítulo trágico.
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