Entre la violencia y la extorsión, asediados por integrantes de la Familia Michoacana, se llevó a cabo el tradicional viacrucis en Taxco, Guerrero.
“Prefiero morir que mantener a esa gente”, expresó uno de los penitentes de Taxco que denunció un intento de extorsión por parte del crimen para su participación en Semana Santa.
Al final rompieron el miedo. Este jueves y viernes salieron a las calles a realizar su ritual de oración y flagelación para interceder por su gente y pedir paz en una región controlada por el crimen.
La ciudad colonial lució llena de visitantes y resguardada por efectivos de la policía local, estatal y Guardia Nacional. Tiendas, templos, hoteles y restaurantes están al tope.
La serie de procesiones inició el jueves a las siete de la mañana. Desde comunidades y barrios pesadas imágenes de cristos salieron con rumbo al templo del Señor de la Santa Veracruz para participar en una nocturna y maratónica procesión que concluyó a las tres de la madrugada del viernes.
El fervor religioso se observa en cada rincón. La de Taxco es una tradición de por lo menos 450 años. Sólo se ha suspendido en 2020 y 2021 por la pandemia. Y en 2008 cuando, de acuerdo con vecinos, la tarde del “jueves santo” entraron “los malos” y desataron una balacera que hizo correr en estampida hacia todas direcciones a flagelantes, religiosos y turistas. En el camino quedaron tirados los rollos de espinas.
Celebración, entre el temor y la zozobra
Este 2023 la participación de unos mil flagelantes estuvo amenazada. Detrás de las fachadas de las casas coloniales y del ambiente turístico de sus calles, los penitentes guardan el temor y la zozobra que rompieron semanas antes para realizar su penitencia.
Bajo su protocolo de sigilo, un experimentado penitente narra la especie de tregua que lograron para evitar ser extorsionados por el crimen organizado por la intervención del obispado y de la autoridad municipal.
Hace un cuarto de siglo nació su devoción, cuando le dieron luz verde para cargar peticiones de enfermos y necesidades de personas que ven a través de los flagelantes una manera de acercarse a Dios.
Su argumento es que Jesucristo fue maltratado y crucificado.
“Ahora nos toca a nosotros. Es una forma de pagarle o brindar por las personas que nos piden su oración”.
Este año, el penitente aumentó el tamaño de las puntas de los clavos que lleva su instrumento de flagelación conocido como “disciplina”.
“Entre más grande es la petición, más grande es la punta de la disciplina. Hay veces que nos salimos del huacal y te acuerdas de este castigo y reflexionas muchas cosas”.
“Pido a Dios a nombre de ellos, cada vez que me hinco, cuando hago oración y me flagelo. Cada golpe es el pedimento por la persona que está enferma, discapacitada.
—¿Estas peticiones tienen que ver con la inseguridad en la región?, se le pregunta.
“Esta, mi última petición es por la paz, principalmente por mi pueblo Taxco porque ya estamos bien llenos de tantos problemas: con el gobierno, los sicarios. Para mí es lo que más me llega, el sentimiento, el dolor, lo que estamos viviendo aquí”.
“Yo soy una persona perjudicada por el gobierno, porque los mismos sicarios están entrados con el presidente (Mario Figueroa Mundo) y todo se echa la bolita; cuando entrevistas al presidente te da la vuelta.
“Este año quisiera que ya las cosas se calmaran, que ya no tuviéramos tantos problemas, que ya no haya tantos secuestros que son casi a puro menor de edad. Y casi puro menor de edad está involucrado con la delincuencia, son chamacos que se llevan a la fuerza y están trabajando en contra de su voluntad. Y si no lo hacen van por su familia.
“Quisiera que ya se acabara esto; que este año que voy a hacer mi última voluntad y de la gente, que se calmara ya todo, que dios nos escuchara”, pidió con lágrimas en los ojos y dándole vueltas a su disciplina con las manos como una forma de calmar su zozobra, previo a su participación.
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