Donald Trump, durante su segundo mandato, ha dejado en claro que su visión del liderazgo se aleja de su promesa de no actuar como “el policía del mundo”. Desde su reelección, ha mostrado acciones que contradicen esa declaración, especialmente en países como Irán y Venezuela. Esta situación ha generado un profundo debate en México, donde muchos se encuentran divididos sobre la posibilidad de que una intervención estadounidense pueda transformar el país en un lugar más seguro, libre de carteles. Algunos piensan que tal acción sería una invasión que profanaría la soberanía nacional.
Mientras tanto, incluso los pensamientos de los votantes estadounidenses han cambiado de forma drástica. En enero de 2025, el descontento hacia la presidencia de Joe Biden era palpable, con millones deseando un regreso a Trump. Sin embargo, un año después, el mismo Trump ha logrado elicitar un fuerte arrepentimiento entre sus votantes, con un 24% de ellos expresando insatisfacción con su desempeño, reflejando un estado de incertidumbre en el electorado.
Las encuestas revelan datos preocupantes: un 11% de votantes de Trump se arrepienten claramente de su decisión, mientras que un 16% más admiten decepción sin usar tal término, sumando un 47% de algún nivel de insatisfacción. Esto se hace más evidente en los “Swing States”, que fueron cruciales para su victoria en 2024 y donde los moderados sienten un profundo desencanto por cómo Trump ha dividido aún más a la nación.
Trump no ha cumplido muchas de sus promesas iniciales. La inflación no ha bajado, el empleo no se ha incrementado de la manera que prometió, y la percepción de bienestar entre los estadounidenses ha disminuido. La disonancia entre lo prometido y la realidad es palpable.
Además, el actual presidente ha adoptado un enfoque radicalmente diferente al que mostró en su primer mandato. Ha intensificado la represión contra la inmigración indocumentada, recibiendo críticas severas por implementar políticas más duras que han generado resistencia legal y política. Su uso de aranceles de emergencia también ha provocado tensiones económicas tanto a nivel nacional como internacional, generando incertidumbre en las relaciones comerciales.
Trump ha incrementado su poder ejecutivo, emitiendo múltiples órdenes que cuestionan el equilibrio de poderes en el gobierno federal. Esto ha llevado a un incremento en demandas que desafían la legalidad de sus acciones, promoviendo un ambiente de conflicto constante.
Por otro lado, su relación con los medios ha sido igualmente controvertida. Ha tomado medidas drásticas contra instituciones de prensa, desatando acusaciones de represalia, lo que ha derivado en críticas sobre la libertad de expresión en el país. La remodelación del avión presidencial, con un enfoque en el lujo, ha sido vista como un símbolo de desconexión con las necesidades del país.
Cada día, se percibe un creciente descontento dentro de su base electoral, que enfrenta una doble carga: un marcado arrepentimiento y la presión por expectativas que no han sido cumplidas. A medida que este segundo mandato avanza, queda la incertidumbre de qué deparará el futuro no solo para Trump, sino también para el país y el mundo en general. Con tres años todavía por delante, las acciones de su administración seguirán siendo un tema central de discusión en los Estados Unidos y más allá.
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