El año 2026 se dibuja como un hito crucial para la economía mexicana, donde tres elementos fundamentales serán objeto de un verdadero examen de desempeño: el Plan México, Pemex y el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La encrucijada se puede resumir en la frase “La hacemos o fracasamos”, en inglés: “Make or Break”. Los eventos de este año tendrán una profunda incidencia en el rumbo económico y en el desarrollo del país.
El Plan México, introducido en 2025, ha comenzado a dar sus primeros pasos, pero necesita despegar con fuerza en los meses venideros para demostrar su viabilidad práctica. La gran incógnita es si este plan podrá catalizar la inversión privada y consolidar un modelo de Asociaciones Público-Privadas (APP). La inversión privada, que cayó más de un 5% el año pasado, debe revertirse si se espera salir del estancamiento económico y mejorar las cifras de empleo formal. El Gobierno ha apostado por el desarrollo de infraestructura mediante APPs, involucrando decenas de proyectos que abarcan carreteras, trenes, puertos y aeropuertos.
El objetivo ambicioso es incrementar las inversiones para que superen el 25% del PIB y alcancen el 30% en 2030. Esto implica mantener un flujo anual de más de 350,000 millones de dólares en inversiones tanto públicas como privadas, nacionales y extranjeras. Para realizar esta proyección, se requieren crecimientos de dos dígitos en la inversión privada. Sin embargo, la senda está llena de desafíos relacionados con la restauración de la confianza empresarial, la incertidumbre internacional y los problemas de seguridad en el país.
Por otro lado, Pemex enfrenta una crisis que el Gobierno intenta revertir. La Secretaría de Energía lidera un esfuerzo que se prevé llevará a la empresa a la autosuficiencia para 2026, aunque su desempeño actual es insuficiente. Actualmente, la producción de petróleo se mantiene estancada en 1.6 millones de barriles diarios, siendo el nivel deseado de al menos 1.8 millones. La refinación, a pesar de alcanzar su máximo desde 2016, quedó un 5% por debajo de la meta. La compañía se enfrenta al reto de aumentar la productividad y de lidiar con una deuda que supera los 100,000 millones de dólares, con vencimientos que rondan los 26,000 millones en 2026 y 2027. La deuda con proveedores, que excede los 500,000 millones de pesos, sigue siendo un problema sin resolver.
En cuanto al T-MEC, las negociaciones comenzaron a finales de 2025, y su futuro se decide en julio de este año, tras consultas en los tres países involucrados. La situación es compleja, y el tratado atraviesa una transición hacia un modelo de comercio más administrado, alineado con los intereses de Estados Unidos. A pesar de los desafíos, como el proteccionismo y el fortalecimiento del peso, las exportaciones a EE.UU. siguieron creciendo en 2025. Sin embargo, el sector automotriz y la industria del acero presentan riesgos significativos que podrían impactar la competitividad de México.
El 2026 es, sin duda, un año decisivo. Las acciones relacionadas con el Plan México, Pemex y el T-MEC definirán no solo el presente inmediato, sino también el futuro de la economía mexicana en los años venideros. Frente a la posibilidad de un despegue sostenido o de una década perdida, la responsabilidad recae sobre los responsables de la política económica del país. La ventana de oportunidad está abierta, pero el futuro está por escribirse.
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