Un reciente estudio revela el fascinante hallazgo de más de 600 objetos en los Estados Unidos, considerados dados de dos caras, que fueron elaborados por pueblos nativos americanos hace más de 12,000 años. Este descubrimiento, publicado en la revista American Antiquity, cambia radicalmente la comprensión de la historia de los juegos de azar, sugiriendo que las primeras formas de dados aparecieron mucho antes de lo que se creía, superando en más de 6,000 años a los conocidos de la Edad del Bronce.
La investigación, liderada por el arqueólogo de la Universidad Estatal de Colorado, Robert J. Madden, sostiene que estas piezas, que datan de la era Pleistocena, prenden la luz sobre la complejidad cultural de las sociedades que las fabricaron. “Al final de la última Edad de Hielo, no nos imaginamos que estas personas estarían inmersas en conceptos intelectuales complejos, pero parece que estaban haciéndolo”, señaló Madden en declaraciones a la prensa.
Madden se enfocó en la clasificación de estos objetos, dado que, aunque existe un registro histórico que remonta el uso de dados nativos estadounidenses a hace 2,000 años, la identificación de piezas más antiguas ha sido un reto. Utilizando el índice de Stewart Culin, publicado en 1907 en su obra Games of the North American Indians, Madden estableció criterios objetivos para examinar archivos arqueológicos, lo que le permitió clasificar más de 600 piezas provenientes de 57 sitios arqueológicos, principalmente en Colorado, Wyoming y Nuevo México.
No obstante, la interpretación de los hallazgos no está exenta de controversias. Experiencias como la de Jelmer Eerkens, profesor de antropología en la Universidad de California, advierten que es necesario conocer más sobre el contexto de la ubicación de estas piezas para determinar su función efectiva.
A diferencia de los dados de seis caras que se conocen habitualmente, los dados prehistóricos de Madden son de dos caras, conocidos como “lotes binarios”. Estos objetos, fabricados con madera, hueso o incluso dientes, poseen un lado marcado y otro vacío. Madden sugiere que estos dados pudieron haber facilitado intercambios sociales y culturales entre tribus, creando un espacio neutral donde todos los participantes poseían iguales probabilidades de éxito.
Los patrones decorativos que adornan estos objetos son notoriamente distintivos en comparación con otros artefactos encontrados en sitios de la época Pleistocena, lo que podría indicar una conexión entre la conceptualización de la suerte y un impulso artístico. Madden enfatiza que ideas como la probabilidad y la aleatoriedad no son solo conceptos abstractos; al materializarse en estos dados, ofrecen una apariencia tangible de los patrones que rigen estas nociones en el mundo físico.
En conclusión, este estudio no solo reestructura el reconocimiento de la historia de los juegos de azar, sino que también nos desafía a reconsiderar la riqueza cultural de los pueblos nativos americanos en tiempos remotos. La investigación continúa y promete abrir nuevas puertas al entendimiento de las prácticas sociales y culturales de nuestros ancestros.
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