El sector de la defensa se encuentra en una encrucijada de evolución y retos, reflejando un contexto global en constante cambio. Según proyecciones recientes, la demanda de mantenimiento, reparación y revisión (MRO) experimentará un crecimiento sostenido del 1% anual durante la próxima década. Este incremento se debe a la mayor complejidad de las plataformas y al auge del mantenimiento de motores, que se consolida como el segmento más dinámico en el ámbito militar.
La retirada de flotas obsoletas como el Tornado y el Mirage 2000, aunque genera importantes ahorros, redirige estos recursos hacia el sostenimiento de aeronaves más avanzadas. En particular, la creciente flota de F-35 está transformando la dinámica del sector. A nivel global, la flota militar activa se anticipa que se expandirá de 44.700 aeronaves en 2026 a unas 50.700 en 2036. Este aumento de cerca de 6.000 unidades está impulsado por el incremento del gasto en Europa, así como el dinamismo en regiones como Oriente Medio y Asia-Pacífico.
La recapitalización en Europa es una respuesta a años de baja inversión y surge como una necesidad urgente por recuperar capacidades tras la invasión de Ucrania. Las modernizaciones se centran principalmente en cazas, con el F-35 a la cabeza en la agenda de 11 fuerzas aéreas europeas. Del mismo modo, están en marcha continuas entregas de Eurofighter Typhoon y Rafale a varios países, lo que refuerza la posición defensiva del continente. Además, iniciativas como el A330 MRTT y el A400M destacan el esfuerzo europeo por consolidar su autonomía en términos de movilidad y repostaje.
Por el contrario, Estados Unidos está adoptando una estrategia más enfocada en la investigación y desarrollo de nuevas capacidades, priorizando la transición hacia plataformas avanzadas. El presupuesto del ejercicio fiscal 2026 propone una reducción notoria en la compra de aeronaves nuevas, con solo 173 unidades planificadas, lo que marca un descenso significativo respecto a años anteriores. Esta estrategia busca liberar recursos al retirar aeronaves más antiguas y así financiar la llegada de sistemas avanzados como el F-47 y las Collaborative Combat Aircraft.
Un aspecto a considerar es el notable crecimiento de los sistemas aéreos no tripulados, previstos para aumentar globalmente un 10% anual en entregas durante la próxima década. Este tipo de aeronaves, especialmente las orientadas al combate, están preparadas para redefinir el modelo de sostenimiento, al presentar ciclos de vida más cortos y necesidades únicas que distan de los aviones tripulados. Sin embargo, su capacidad para reducir costes de ciclo de vida aún requerirá validación operativa.
En el campo de la aviación de ala rotatoria, se evidencian tensiones, puesto que las recientes experiencias operativas suscitan dudas sobre la viabilidad de los helicópteros en escenarios sin superioridad aérea. Esto ha llevado a revisar las estructuras operativas, mientras que el interés por soluciones más veloces, como los convertiplanos, aumenta.
Carlos García Martín, socio de Transporte y Servicios de una consultora relevante, señala que Europa está ahora inmersa en un ciclo de inversión que exige una mayor disponibilidad y exigencias de sostenimiento. La industria tiene la responsabilidad de anticipar las necesidades de capacidad productiva, repuestos y el talento técnico necesario para cumplir con los ambiciosos objetivos operativos establecidos para antes de 2032.
En definitiva, el panorama del mantenimiento y la expansión de flotas en el ámbito militar es tan prometedor como desafiante, y el futuro dependerá de cómo los actores clave en la industria se adapten a la evolución constante de la demanda y las tecnologías emergentes.
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