Ford ha estado en el centro de atención recientemente por sus negociaciones con Xiaomi, el gigante chino de tecnología, para establecer una empresa conjunta con el objetivo de producir autos eléctricos en Estados Unidos. Esta noticia, divulgada por un medio internacional el pasado 31 de enero de 2026, ha suscitado tanto interés como preocupación entre los actores del sector automotriz norteamericano.
Sin embargo, la respuesta de Ford fue contundente, calificando el informe de “completamente falso”. Ni Ford ni Xiaomi han ofrecido mayores comentarios, lo que ha dejado a muchos preguntándose sobre la veracidad de estas negociaciones. Este tipo de incertidumbre no es menor, considerando el contexto actual en el que varios fabricantes de automóviles y miembros del Congreso de EE.UU. se muestran cautelosos ante la penetración de empresas respaldadas por el Gobierno chino en el mercado automotriz estadounidense.
Una carta reciente, emitida por el presidente republicano de una comisión de la Cámara de Representantes, Jim Moolenaar, al director general de Ford, Jim Farley, pone de manifiesto las inquietudes sobre estas asociaciones. Moolenaar inquirió sobre los planes de Ford para colaborar con otro fabricante chino, BYD, citando riesgos significativos para la seguridad económica y la cadena de suministro de automóviles. El legislador destacó que China ha demostrado en el último año su disposición a utilizar sus capacidades industriales como un arma competitiva, una estrategia que podría poner en mayor riesgo a la industria automotriz estadounidense si se establecen alianzas con empresas chinas.
Además, los planes de Ford de invertir 3.000 millones de dólares en un centro de datos para la producción de baterías utilizando tecnología de CATL, otro gigante chino, añaden otra capa de complejidad. Esta estrategia parece ser parte de un esfuerzo más amplio por parte de los fabricantes de automóviles norteamericanos para adaptarse al dinámico mercado de los vehículos eléctricos, aunque muchos enfrentan desafíos significativos al hacerlo.
En un momento en el que los fabricantes automotrices en EE.UU. están reajustando sus enfoques hacia modelos más asequibles e híbridos, se observa una disminución en su ambición por los vehículos completamente eléctricos. Esta tendencia ha sido impulsada en parte por la incapacidad para competir con las ofertas de precios competitivos de las empresas chinas, además de la reducción en los créditos fiscales que previamente habían ayudado a estimular las ventas de autos eléctricos.
Con el futuro de la industria automotriz estadounidense potencialmente en juego y la creciente influencia de los fabricantes chinos, el rumbo que tome Ford en este contexto será crucial. Tal como se están desarrollando los acontecimientos, el discurso en torno a la cooperación internacional en el sector de vehículos eléctricos sigue siendo tanto emocionante como inquietante. La forma en que la empresa aborde estos desafíos podría definir su papel en el competitivo mercado automotriz global.
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