El reciente Decreto de Fomento a la Inversión en la Industria Farmacéutica en México ha suscitado reacciones mixtas dentro del sector, donde coexisten expectativas y un notable escepticismo. Este decreto tiene la noble pretensión de convertir al país en un líder productor de medicamentos e insumos para la salud, asegurando la disponibilidad de estos, generando empleo especializado y fomentando el desarrollo tecnológico. Este enfoque es crucial en el marco del “Plan México” y el programa “República Sana”, los cuales buscan un sistema de salud sostenido y una economía más robusta.
Sin embargo, la verdadera eficacia de un decreto no se mide solo por su intención, sino por la solidez de sus lineamientos. Sin un plan claro, detallado y realista, las ajenas aspiraciones pueden sucumbir a la ineficacia y la ambigüedad. Es esencial que los lineamientos establezcan un puente que conecte las aspiraciones con la realidad, marcando la pauta sobre cómo se atraerán las inversiones, cómo se establecerán las plantas de producción, cómo se transferirán las tecnologías y, finalmente, cómo los medicamentos llegarán a los ciudadanos.
La propuesta de utilizar el significativo poder de compra del gobierno —aproximadamente 300 mil millones de pesos anuales— para impulsar la producción local es un intento viable. Se introduce un sistema de puntos en licitaciones y compromisos de inversión para medicamentos de patente. Sin embargo, queda la incertidumbre sobre cómo estos mecanismos se traducirán en una demanda estable y atractiva, lo que depende en gran medida de la claridad sobre los incentivos fiscales y el compromiso con el sector público.
La estabilidad en la demanda es el mayor aliciente que cualquier inversionista puede recibir, ya que brinda la certeza necesaria para realizar inversiones a largo plazo en infraestructura y desarrollo. Este tipo de previsibilidad es especialmente crítico en el sector farmacéutico, donde los ciclos de inversión son prolongados y los costos de capital son altos. Un compromiso de suministro por tres a cinco años puede ser la clave para fomentar la inversión en capacidades productivas.
El objetivo de asegurar una demanda sostenida es mucho más que una garantía económica; es el motor para la innovación y la especialización en el sector. Esta confianza permitirá a las empresas destinar recursos al desarrollo de medicamentos complejos y a la capacitación del talento especializado. Sin esta seguridad, las oportunidades para transformar la producción farmacéutica podrían verse gravemente amenazadas.
Los beneficios fiscales son otro componente vital que debe complementarse con la demanda garantizada. Se discutirán exenciones fiscales, deducciones por inversiones en tecnología, créditos fiscales por investigación y desarrollo en territorio mexicano, e incluso beneficios arancelarios temporales. Los lineamientos deben ser lo suficientemente claros y específicos en cuanto a la naturaleza y duración de estos incentivos, así como los criterios necesarios para acceder a ellos.
Un actor clave en este proceso es la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), cuyo papel no se limita a la regulación, sino que puede ser un motor económico. Su efectividad puede ser determinante para el éxito de cualquier política destinada a fomentar la inversión en el sector farmacéutico. Por lo tanto, los lineamientos necesitan comprometernos a garantizar una regulación eficiente y transparente.
Esto implica que los procesos de registro sanitario, la aprobación de ensayos clínicos y las certificaciones de plantas deben ser no solo claros, sino también ágiles. Obstáculos como la burocracia y la inconsistencia en los criterios de aprobación pueden actuar como barreras que inhiben la inversión. Es fundamental establecer métricas de desempeño para Cohpris, definiendo plazos específicos y procedimientos de rendición de cuentas.
De este modo, una Cofepris eficiente no solo asegura la salud pública, sino que también se convierte en un imán para la inversión. La capacidad de homologar procesos y atraer capital global depende de su disposición para modernizar los procesos y facilitar el mercado.
En conclusión, el Decreto de Fomento a la Inversión en la Industria Farmacéutica es un paso hacia un enfoque más estratégico, reconociendo la importancia de este sector. Sin embargo, su efectividad dependerá completamente de la claridad y precisión de los lineamientos, así como del compromiso de Cofepris en brindar certeza regulatoria. La transición de las intenciones a la acción es crucial, y los detalles operativos serán determinantes para el éxito de esta ambiciosa iniciativa.
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