El universo literario despide a uno de sus gigantes. Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura y figura esencial de las letras hispanoamericanas, falleció este lunes en Lima a los 89 años. En sus últimos días estuvo acompañado por sus tres hijos, Álvaro, Gonzalo y Morgana, quienes confirmaron públicamente la noticia del deceso del autor, cuya salud se encontraba deteriorada desde hace meses.
Vargas Llosa, cuya obra incluye clásicos como La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral o La fiesta del chivo, deja un legado imborrable que trasciende generaciones. Sin embargo, más allá de su trayectoria como novelista, ensayista y figura pública, también fue protagonista de una vida familiar compleja y profundamente humana.
Sus tres hijos, nacidos del largo matrimonio con Patricia Llosa, vivieron de cerca no solo el ascenso literario de su padre, sino también momentos clave de su vida personal. Tras una mediática separación y una posterior relación con Isabel Preysler, con quien estuvo cerca de ocho años, Vargas Llosa regresó a la intimidad familiar en Perú, donde se reconectó con Patricia y con sus hijos, un retorno que se volvió esencial en su etapa final.
Álvaro, el mayor, siguió el camino del pensamiento crítico como ensayista y columnista, destacando por su defensa de las libertades y la democracia. Participó activamente en la vida pública de su padre, acompañándolo en eventos internacionales y manteniéndose cerca de su figura, incluso durante momentos controvertidos.
Gonzalo, segundo hijo del escritor, optó por un perfil más diplomático. Como alto funcionario de ACNUR en Europa, ha trabajado por los derechos de los refugiados y ha cultivado un compromiso humanitario lejos del foco literario. No obstante, su voz también se hizo oír cuando, en medio de la relación de su padre con Preysler, expresó públicamente su desacuerdo por la falta de integración familiar que percibía, en especial hacia sus hijas.
Morgana, la menor de los Vargas Llosa, eligió el arte de la imagen como herramienta de expresión. Como fotoperiodista, ha retratado conflictos en distintas partes del mundo y se ha consolidado como una artista sensible y comprometida. Discreta en lo mediático, fue una presencia constante en los momentos de mayor fragilidad del autor, especialmente durante sus hospitalizaciones recientes. Su cercanía con Patricia y su rol conciliador fueron fundamentales en la etapa final del escritor.
La muerte de Vargas Llosa marca el fin de una era en la literatura. Pero también deja al descubierto una historia de afectos, tensiones y reconciliaciones que, lejos del papel y la tinta, conforman el capítulo más íntimo de su existencia. Hoy, el autor se despide rodeado del calor de sus hijos, quienes, más allá de la herencia literaria, fueron el refugio silencioso de sus últimos días.
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