En el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, la historia se presenta de una forma asombrosa y palpable. Al ingresar al vestíbulo del hotel Catedral, los visitantes se encontrarán con un impresionante piso de cristal que revela los vestigios del pasado prehispánico de Tenochtitlan, así como los vestigios de una época virreinal y la modernidad que nos rodea. Este pequeño pero fascinante museo subterráneo, que abrirá sus puertas al público en un futuro cercano, se encuentra a seis metros bajo tierra, donde emergen fragmentos de la rica historia de la capital mexicana.
El director del Programa de Arqueología Urbana (PAU), Raúl Barrera Rodríguez, ha liderado un proyecto que ha permitido el descubrimiento y rescate de restos de un antiguo templo dedicado a Ehécatl Quetzalcóatl, el dios del viento. Este espacio ofrece una mirada sin precedentes a la arquitectura y la ceremonia de una civilización que ha marcado profundamente la identidad mexicana. Entre los hallazgos, destacan los restos del juego de pelota y una casa que perteneció a Juan Engel, uno de los primeros fundadores de la Nueva España. Este edificio se construyó utilizando escombros prehispánicos, y sus muros datan del período virreinal temprano, entre 1521 y 1620.
Barrera nos recuerda que el Templo de Ehécatl se encuentra alineado con el adoratorio de Tláloc en el Templo Mayor, y su relevancia en la cosmovisión mexica es innegable. Su construcción, que se preserva en este nuevo recinto, no solo ilustra la devoción de un pueblo, sino que revela la complejidad de su vida y cultura.
Los visitantes accederán a esta cápsula del tiempo a través de un lateral del hotel, donde una escalera conduce a un mundo donde la historia fluirá ante sus ojos. Aunque la apertura del museo está próxima, es importante señalar que este recinto, aunque sus propietarios son los del hotel Catedral, pertenece legalmente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Este detalle subraya el compromiso del estado con la preservación de la riqueza cultural mexicana.
Las excavaciones iniciadas en 2009, tras la aprobación del INAH, han revelado una serie de hallazgos significativos, incluyendo la cancha de un juego de pelota que se extiende más allá de lo visible, bajo las calles del Centro Histórico. La remoción cuidadosa del material, realizada a mano para evitar daños, ha requerido la colaboración de más de 100 trabajadores entre arqueólogos e ingenieros.
Barrera enfatiza la importancia de la conservación y la protección de estos vestigios. El Proyecto, que ha incluido una cuidadosa planificación, ha reorientado la estrategia de construcción del hotel, cancelando planes para un estacionamiento en favor de la preservación del patrimonio histórico que ahora se exhibirá. El espacio será replicado con maquetas que ayudarán a los visitantes a visualizar la magnificencia de la estructura original.
Finalmente, el nuevo museo no solo representa una ventana hacia el pasado, sino que también ofrece una plataforma para el diálogo entre la historia y la modernidad. La intersección entre el desarrollo urbano y la conservación del patrimonio cultural es un desafío que se aborda con seriedad en este proyecto. Barrera prevé una apertura muy pronto, y con ello, la oportunidad de devolver a la sociedad parte de su rica herencia histórica. La magia de Tenochtitlan y su legado enterrado pronto será accesible, iluminando un capítulo fundamental de la cultura mexicana.
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