Imágenes virales de la zona arqueológica de Teotihuacán, en el Estado de México, capturaron la atención de miles en las redes sociales, mostrando un paisaje pintado de blanco. Este fenómeno fue causado por una granizada atípica que ocurrió el 18 de enero, afectando diversas áreas del municipio. A pesar de la impresionante acumulación de granizo en las avenidas y calles principales, no todas las imágenes que circularon son auténticas.
La Secretaría de Cultura del Gobierno y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmaron la ocurrencia de este fenómeno inusual, pero advirtieron que muchas de las representaciones visuales son digitalmente alteradas, un hecho corroborado por un centro de información turística que también utilizó Inteligencia Artificial para enriquecer las fotografías. Esto plantea un panorama donde la realidad y la manipulación digital se entrelazan, desdibujando los límites entre la autenticidad y la representación artística.
Afortunadamente, las evaluaciones realizadas por el personal del INAH concluyeron que la monumentalidad de Teotihuacán no sufrió daños. Los murales, museos y estructuras prehispánicas permanecen intactos, lo que proporciona un alivio para los interesados en la conservación de este patrimonio cultural.
Este evento meteorológico singular no solo atrajo la mirada del público, sino que generó un debate sobre la veracidad de las imágenes en la era digital. En un mundo donde la información circula rápidamente, es crucial discernir entre lo que es genuino y lo que es producto de la manipulación. La rica historia de Teotihuacán persiste, resguardando sus secretos a la luz de nuevas experiencias, incluso cuando fenómenos del clima la transforman temporalmente.
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