El incremento de las tasas de interés ha generado un escenario donde tanto empresas como hogares han optado por el ahorro a través de instrumentos de largo plazo, estableciendo un nuevo canal de transmisión en la política monetaria restrictiva, tal como destacó la subgobernadora de Banco de México, Galia Borja. Este cambio se ha reflejado en un notable aumento en el porcentaje de ahorros en dichos instrumentos, que pasaron de un promedio del 1.9% del PIB entre 2010 y 2019 a un 3.1% al cierre del año pasado.
Un análisis del banco central muestra que la masa monetaria M2 en manos de residentes creció de 10.7 billones de pesos en septiembre de 2021 a 15.4 billones en marzo de 2025, lo cual representa un crecimiento anual del 7% en el periodo entre marzo de 2024 y marzo de 2025, coincidiendo con un ciclo de recortes en la tasa de interés.
La subgobernadora Borja ha indicado que es esencial identificar las características de los usuarios que han incrementado sus ahorros, dado que el agregado monetario M2 refleja una tendencia a sustituir activos líquidos de corto plazo, como billetes y monedas, por instrumentos de inversión a más largo plazo, como los Cetes. Luis Pérez Lezama, director de investigación económica en el think lab Saver, resaltó que el M2 abarca diversos instrumentos, incluidos pagarés a largo plazo, lo que implica una captación en plazos residuales de hasta cinco años.
Pérez Lezama también enfatizó que, a pesar del incremento en la masa monetaria, este crecimiento podría estar limitado en su efectividad, dado que el sistema financiero en México no es inclusivo. Aunque el mayor rendimiento en activos de inversión podría beneficiar a quienes cuentan con acceso a fondos de inversión, no garantiza necesariamente una reducción en el consumo, lo que podría seguir alimentando presiones inflacionarias.
La base monetaria, que ha crecido a más de tres billones de pesos desde abril de 2020, también señala un uso elevado de efectivo para la compra de bienes, aumentando así la demanda en el mercado. Banxico reportó en su estado de cuenta más reciente que la base monetaria en circulación alcanzó los 3.2 billones de pesos.
Recientemente, Rodrigo Mariscal, jefe de la Unidad de Planeación Económica de la Secretaría de Hacienda, mencionó que los hogares mexicanos poseen ahorros suficientes para enfrentarse a una posible recesión, destacando las altas tasas de interés y la solidez de las reservas internacionales. Sin embargo, críticos como Pérez Lezama advierten que el ahorro financiero creciente en México no se traduce en beneficios amplios para la población, ya que solo una pequeña proporción de ciudadanos están bancarizados.
El panorama del crédito empresarial se muestra igualmente complejo: el 73% se obtiene a través de proveedores en lugar de bancos, reflejando una debilidad en la economía que se acentúa por el encarecimiento del crédito. Las prácticas tradicionales de la banca comercial, como el aumento en los costos del crédito basado en evaluaciones de riesgo, continúan representando obstáculos significativos para el acceso al financiamiento.
Es un momento crucial para la economía nacional, donde los cambios en las políticas monetarias y el comportamiento de ahorro y crédito delinean un futuro que demandará atención y diálogo en todos los niveles.
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