Desde que los bancos centrales adoptaron una postura independiente en el control de la inflación, el concepto de inflación subyacente ha ganado protagonismo. Este enfoque surgió en respuesta a la inestabilidad observada en los índices generales de precios, a menudo influenciados por factores temporales y precios difíciles de predecir. Para optimizar la eficacia en la toma de decisiones de política monetaria, se decidió centrarse en bienes y servicios cuyas fluctuaciones de precios son más constantes.
A lo largo del tiempo, la inflación subyacente ha mantenido su relevancia, aunque hoy en día no es el único determinante en los ajustes de las tasas de interés en países como México y Estados Unidos. Las decisiones monetarias ahora consideran un análisis más amplio del ciclo inflacionario y del impacto real de la política monetaria.
En 2025, Estados Unidos experimentó una inflación general del 2.7%, con una inflación subyacente de 2.6%. Este último indicador ha mostrado una tendencia descendente reciente. En contraste, México registró una inflación general de 3.69% y una subyacente de 4.33%, evidenciando una presión más persistente y una ligera tendencia al alza.
Una razón clave detrás de esta disparidad es que la metodología para calcular la inflación subyacente varía entre ambos países. En Estados Unidos, los precios de la energía y de alimentos (tanto procesados como no procesados) se excluyen del cálculo de la inflación subyacente. En México, los alimentos procesados están incluidos, mientras que los no procesados se consideran no subyacentes. Esto significa que la inflación subyacente en México puede verse más influenciada por costosas estructuras laborales y cadenas de producción menos flexibles, lo que la hace menos comparable internacionalmente.
Estas diferencias se reflejan en las expectativas sobre las tasas de interés. Aunque la disminución de la inflación en EE.UU. no ha entusiasmado a los inversores, se anticipa que la Reserva Federal solo realice dos recortes en su tasa. Lo anterior se debe a la creciente preocupación por el acceso a alimentos y energía, que han sufrido incrementos significativos en 2025, particularmente en electricidad y gas. Estas condiciones presionan a la administración Biden, que busca un entorno más favorable ante las elecciones intermedias que se celebrarán en noviembre.
Por otro lado, en México, la preocupación por la inflación subyacente ha generado discrepancias entre los miembros de la Junta de Gobierno. A pesar de que la inflación general ha disminuido, la situación no es completamente estable, ya que la inflación subyacente sigue siendo rígida, especialmente en servicios y alimentos procesados. Además, otros factores como el incremento en el IEPS, el aumento del salario mínimo y aranceles más altos elevan los riesgos inflacionarios.
La tasa real ex ante en México, que ajusta la expectativa de inflación, se encuentra cerca de su nivel neutral. Esto indica que conforme la inflación se reduce, también lo hace la restricción de la política monetaria sin necesidad de ajustes adicionales en la tasa nominal. Bajo este contexto, un recorte adicional de las tasas podría tener consecuencias más significativas que en el pasado.
Desde una perspectiva ortodoxa, se sugiere que la Reserva Federal podría reducir las tasas, mientras que Banxico debería detener sus recortes. Ambos bancos centrales enfrentan presiones que podrían cuestionar su independencia. Los meses venideros serán decisivos para determinar si la política monetaria quedará influenciada por la dinámica electoral o si mantendrá su autonomía en un clima de retos económicos.
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