En un mundo antes dominado por la intuición de los videntes, hoy los avances tecnologicos ofrecen una nueva perspectiva sobre lo que nos depara el futuro, especialmente en el ámbito deportivo. La inteligencia artificial (IA) ha emergido como una herramienta fundamental en la industria del deporte, transformando la forma en que los atletas se preparan y compiten. Este enfoque moderno se discute minuciosamente a través de la perspectiva de Bill Quinn, un reconocido futurista y asesor estratégico en TCS, una de las compañías líder en servicios tecnológicos e inteligencia artificial aplicada al deporte, particularmente en running.
TCS es conocida por su patrocinio en eventos importantes, como el Maratón de Nueva York y el Maratón de Toronto Waterfront. Su compromiso va más allá del simple patrocinio; la empresa está a la vanguardia de la incorporación de tecnología en disciplinas deportivas, desde automovilismo eléctrico en la Fórmula E hasta la creación de gemelos digitales que ayudan a los pilotos a optimizar su rendimiento.
Un ejemplo destacado es Des Linden, la maratonista estadounidense que, a los 42 años, sigue desafiando límites y se está aventurando en el trail running. TCS ha desarrollado una réplica digital de su corazón, permitiendo a los entrenadores y científicos obtener datos críticos sobre su función y respuesta en diversas condiciones. Esta aplicación de la IA no solo ofrece una oportunidad única para los atletas de élite, sino que también se busca expandir este tipo de tecnología para que esté al alcance de más corredores.
A medida que la conversación se adentra en el proyecto “Future Athlete”, se destaca la importancia de innovar no solo para los deportistas de elite, sino también para aquellos que se encuentran en la categoría Master o incluso aficionados al deporte. La meta es clara: utilizar maratones como plataformas de pruebas para tecnologías que puedan mejorar la salud y el bienestar general, especialmente a medida que las personas envejecen y necesitan adaptarse a las nuevas realidades de sus cuerpos.
Sin embargo, la implementación de gemelos digitales del corazón aún plantea preguntas sobre su accesibilidad económica. Quinn aclara que, aunque la tecnología es cara —costando miles de dólares—, su objetivo es garantizar que se vuelva más accesible con el tiempo.
A largo plazo, Quinn tiene una visión audaz: la idea de que los corazones digitales puedan asumir funciones biológicas en el futuro. No obstante, este objetivo enfrenta importantes retos, desde los avances necesarios en nanotecnología hasta la aprobación de regulaciones y la disposición social para aceptar tales innovaciones.
En resumen, mientras que la IA está reformulando nuestro entendimiento del futuro, especialmente en el deporte, el camino hacia una integración completa de estas tecnologías en nuestras vidas requerirá tiempo, investigación y un cambio en la percepción social. La fusión de tecnología y atletismo no es solo un avance; es un viaje que apenas está comenzando.
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