En la vibrante ciudad de San Francisco, se encuentra la sede de Physical Intelligence, identificada solo por un inconspicuo símbolo pi en la puerta. Al ingresar, uno es rápidamente absorbido por un ambiente de intensa actividad. Aquí no hay recepcionistas ni logotipos llamativos, sino un vasto espacio de hormigón minimalista adornado con mesas de madera clara que se utilizan tanto para el almuerzo como para la experimentación robótica.
Por toda la sala, brazos robóticos luchan por dominar tareas cotidianas, como doblar pantalones o voltear camisas. Uno de ellos, parece haber encontrado su habilidad en pelar calabacines, mientras que otros aún se enfrentan al desafío de tareas básicas. Sergey Levine, cofundador y profesor asociado en UC Berkeley, compara esta innovación robótica a un “ChatGPT pero para robots”, destacando la importancia del aprendizaje a partir de datos recolectados en diversas ubicaciones para entrenar modelos de robótica de propósito general.
Además de su sede, la empresa opera un laboratorio de prueba que simula un entorno diverso y desafiante, facilitando a los robots la adaptación a distintas tareas cotidianas. Un elaborado máquina de café expreso se encuentra en el edificio, no para el placer del personal, sino que tiene la misión nada menos que de respaldar el aprendizaje de los robots.
Los brazos robóticos, aunque modestos en su diseño de unos 3,500 dólares, representan un gran avance, ya que la inteligencia eficiente puede compensar las limitaciones del hardware. Durante el recorrido, Lachy Groom, otro de los cofundadores, demuestra ser una figura clave en la compañía, habiendo rastreado a Levine y a Chelsea Finn, una exalumna de Berkeley, por su destacado trabajo en el ámbito de la robótica.
La compañía ha recaudado más de mil millones de dólares en fondos, y aunque Groom menciona que no hay un cronograma concreto para la comercialización, parece ser tolerado por sus inversores, que incluyen nombres de prestigio como Khosla Ventures y Sequoia Capital. La estrategia de Physical Intelligence se centra en el aprendizaje cruzado y la utilización de diversas fuentes de datos, permitiéndoles transferir conocimientos entre diferentes plataformas robóticas de manera eficiente.
Sin embargo, el campo no está desprovisto de competencia. Empresas como Skild AI están desarrollando enfoques diferentes, priorizando la implementación comercial desde el principio, incluso generando ingresos rápidamente. Esta tensión entre investigar y comercializar genera preguntas sobre el futuro y la viabilidad de las diferentes estrategias.
Con un equipo de aproximadamente 80 empleados, la empresa enfrenta los desafíos inherentes al desarrollo de hardware; los problemas de suministro y las consideraciones de seguridad presentan obstáculos que deben ser superados. Mientras los robots continúan intentando las tareas para las que han sido programados, queda en el aire una serie de preguntas sobre la necesidad y el impacto de automatizaciones en la vida cotidiana.
A pesar de las interrogantes y críticas externas, Groom parece confiado, respaldado por décadas de experiencia colectiva en su equipo y un optimismo sobre el momento actual en el desarrollo de la inteligencia robótica. A medida que continúa la inversión en tecnología de vanguardia, queda claro que el interés en el desarrollo de inteligencia robótica generalizado sigue en aumento, a la espera de ver cuál estrategia prevalecerá a largo plazo.
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