La Selección de Estados Unidos y la de Canadá han alcanzado un nivel comparable al de la Selección Mexicana en el ámbito futbolístico, pero con un enfoque muy distinto en cuanto a la preparación y el desarrollo de sus jóvenes talentos. Jorge Campos, el icónico guardameta mexicano que destacó en tres Copas del Mundo (1994, 1998 y 2002), ha señalado una problemática fundamental en el fútbol mexicano: la falta de continuidad en los procesos de formación.
En declaraciones recientes, Campos subrayó que una selección no puede ser “salvada” de la noche a la mañana, señalando que el enfoque del fútbol mexicano a menudo se basa en soluciones inmediatas. Desde sus inicios en la década de los noventas, se ha evidenciado un patrón de ilusión en mejorar en el corto plazo, mientras que las selecciones de élite mundial llevan a cabo planes a largo plazo que incluyen procesos sostenibles en la formación de jugadores.
En el marco de la inauguración del Torneo Internacional Jorge Campos, celebrado del 12 al 15 de septiembre en Guadalajara, Campos hizo hincapié en que el próximo Mundial de 2026 debe marcar un cambio en la dirección del fútbol en México. En este sentido, pidió que la selección sea renovación, sobre todo en la portería, sugiriendo que se dé la oportunidad a jóvenes talentos, sin temor a posibles resultados desfavorables.
Refiriéndose a la experiencia de otros países, tomó como ejemplo a Canadá y Estados Unidos, que iniciaron procesos de formación con jóvenes hace años y ya cosechan frutos en competencias internacionales. Campos remarcó que, aunque México tiene un legado futbolístico considerable, está quedándose atrás en comparación con sus vecinos del norte.
Para ilustrar su punto, Campos recordó cómo, en 2006, Guillermo Ochoa fue un joven que comenzó como tercer portero y ahora es una figura destacada. “Si ya vimos el impacto positivo que puede tener darles esa experiencia, ¿por qué no hacerlo antes?”, cuestionó.
En resumen, el llamado de Jorge Campos resuena con una necesidad urgente en el fútbol mexicano: priorizar la inversión en procesos formativos a largo plazo para alcanzar el éxito en futuras competencias, comenzando por el Mundial 2026, y cambiando la mentalidad de búsqueda de resultados inmediatos por una estrategia más meticulosa y coherente. Así, México podría comenzar a cerrar la brecha que lo separa de sus competidores más cercanos en el ámbito futbolístico.
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