Keiko Fujimori, candidata presidencial, ha manifestado su intención de avanzar con “mucha humildad y fuerza” frente a los últimos sondeos que la posicionan a la cabeza de las preferencias ciudadanos a solo días de la primera vuelta presidencial programada para el próximo domingo. Hija del exdictador Alberto Fujimori, esta es su cuarta vez compitiendo por la presidencia, y su optimismo parece revitalizado en un contexto político peruano marcado por la inestabilidad y un nivel de desconfianza notable hacia las instituciones democráticas, donde un abrumador 76,2% de la población no confía en el sistema democrático actual.
En las últimas encuestas, Keiko Fujimori está liderando la carrera con un 13,7% de apoyo, seguida por el humorista Carlos Álvarez con un 9%, y el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien obtiene un 8,1%. Una proyección realizada por la consultora Datum indica que Keiko podría alcanzar hasta el 18,1% de los votos válidos. A medida que se acerca la fecha, el panorama se complica con 35 candidatos en competencia, y con cuatro expresidentes actualmente purgando diversas penas por corrupción en la prisión de Barbadillo.
A lo largo de su trayectoria política, la “casi” victoria ha sido una constante en la carrera de Keiko. En 2011, perdió por un estrecho margen del 2,90% frente al izquierdista Ollanta Humala. Las posteriores elecciones también fueron muy reñidas: en 2016, el moderado Pedro Pablo Kuczynski ganó con una diferencia de apenas 40,000 votos, y en 2021, Pedro Castillo, un candidato del movimiento comunista, se alzó con la victoria en un desenlace similarmente apretado.
Analistas como Antonio Sola han señalado que esta podría ser la “mejor oportunidad” para Keiko, incluso de cara a una posible segunda vuelta en junio, sugiriendo que la muerte reciente de su padre podría cambiar el escenario electoral, ya que podría romper el “techo electoral” que ha limitado a su hija en campañas anteriores.
El ambiente político actual está marcado por un hastío generalizado, y la lucha contra la corrupción sigue siendo un asunto candente. En este contexto, se ha conocido que el fiscal José Domingo Pérez, quien anteriormente persiguió a Fujimori en el caso Lava Jato, ahora representa a Pedro Castillo, lo que genera más controversia en el panorama.
El desempeño de Keiko en debates previos ha sido destacado como un factor positivo, logrando conectar con aquellos indecisos preocupados por la inestabilidad política del país. Sin embargo, el apoyo hacia su candidatura es moderado, lo que podría dar lugar a sorpresas entre los candidatos que logren pasar a la segunda vuelta. Además de Álvarez y Aliaga, otros políticos de izquierda también se encuentran pujando por la presidencia, recordando la sorpresiva victoria de Castillo en la anterior elección.
Con el sur del Perú, tradicionalmente un bastión de Castillo, dividido entre múltiples candidatos, los analistas advierten que el voto juvenil y protestatario podría influir en esta elección. En medio de toda esta fragmentación, los mercados de apuestas indican que la contienda presidencial sigue muy abierta, con Keiko liderando ligeramente, pero con varios contendientes al acecho.
La lucha por la presidencia en Perú trae consigo un profundo sentido de incertidumbre y la posibilidad de nuevos desenlaces políticos. A medida que se cierran las candidaturas y se acerca el día de la votación, la atención se centra en cómo responderá el electorado peruano, cansado de la corrupción y ávido de un cambio significativo.
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