La gastronomía es un arte que trasciende fronteras, uniendo a las personas más allá de una simple comida. Entre quienes han sabido cultivar esta conexión se encuentra Jeff Hiller, actor y autor, cuya relación con la comida está marcada por celebraciones memorables y experiencias gastronómicas únicas.
Hiller, conocido por su papel en la serie “Somebody Somewhere”, ha celebrado hitos importantes de su vida a través de la comida. Desde sus cumpleaños, donde las degustaciones se convierten en tradición, hasta su jubiloso festejo tras ganar un Emmy en 2025 por su actuación. En esa ocasión, el viaje a la premiación fue tan emocionante como la celebración en sí. En lugar de un desayuno típico, él y su esposo optaron por un lujoso almuerzo en el Delta One lounge en el aeropuerto de LAX, donde disfrutaron de exquisita comida vegana y un brindis con champagne Taittinger, una celebración digna de la ocasión.
Las anécdotas de Hiller no solo se limitan a premios y lujos. Su amor por la cocina se manifiesta en las recetas de su hogar, como el banh mi de cerdo que tanto anhela o el reconfortante puré de papas que define su paladar, evitando las salsas para centrarse en la sencillez de los ingredientes. Más allá de un platillo favorito, su primer recuerdo culinario evoca la calidez de hacer tostadas francesas con su madre, un ritual que evoca nostalgia y amor en cada bocado.
Un capítulo reciente de su vida culinaria se vivió en un evento de la Roundabout Theater Company en Nueva York, donde Hiller participó en una clase de cocina con la chef Amanda Freitag, elaborando exquisiteces como gnocchi de ricotta. Hiller revela que incluso su incursión más reciente en la repostería, un pecan pie improvisado, resultó en un éxito inesperado, reflejando su espíritu aventurero en la cocina.
Las celebraciones y reuniones son otro hilo conductor en su vida, especialmente durante la época de cumpleaños en diciembre, cuando con amigos elige disfrutar de cenas en restaurantes de prestigio con menús degustación. Desde A Voce hasta Babbo, su paladar tiene la suerte de saborear lo mejor de la gastronomía neoyorquina. Sin embargo, para él, la verdadera joya de la cena es la conversación que fluye entre amigos.
Las memorias de infancia también juegan un papel relevante en su historia. La imagen de un sándwich de queso procesado con mayo, hecho por su abuela, es un símbolo de la simplicidad y comodidad que la comida puede ofrecer, incluso si, desde un punto de vista moderno, podría resultar poco apetecible.
Hiller reconoce que la cocina también tiene su lado desafiante. Un desastre en su fiesta de cumpleaños de 30 años dejó una marca perdurable: un cóctel con jarabe simple que, tras una noche de fiesta, llenó su hogar de un residuo pegajoso. Sus intentos de cocinar en casa han tenido sus tropiezos, desde quemar ingredientes hasta desencadenar alarmas de humo, lo que resalta la realidad de que la cocina está llena de altos y bajos.
Las experiencias de Hiller nos recuerdan que la comida es mucho más que una necesidad; se convierte en la base de nuestra historia personal. Cada plato, cada celebración, está impregnada de significado, conexión y, sobre todo, amor. La próxima vez que disfrutes de una comida en buena compañía, recuerda que cada bocado puede llevar consigo un hogar lleno de memorias, risas y realidades compartidas.
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