Cuba ha emergido como un tema prioritario en la agenda internacional del Gobierno mexicano, especialmente bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum. Desde el aumento de la presión estadounidense, la isla ha llegado a enfrentar una situación crítica, lo que ha llevado a la presidenta a manifestar regularmente su rechazo a la asfixia económica impuesta por Donald Trump y a reafirmar el compromiso de México con La Habana. Este respaldo trasciende las dinámicas diplomáticas con la Casa Blanca, tocando las raíces ideológicas del partido oficialista, Morena.
Con una tradición histórica de afinidad hacia Cuba, comenzada por los gobiernos priistas y revitalizada por Morena, el enfoque del Gobierno mexicano frente a la crisis cubana ha sido particularmente firme. La política mexicana ha respondido con más intensidad a la situación en Cuba que a muchas otras crisis regionales, incluso en comparación con el conflicto en Venezuela.
La defensa activa de Cuba no se limita a las conferencias de prensa mañaneras de Sheinbaum; voces significativas dentro de Morena, incluyendo parlamentarios y líderes del partido, han expresado su apoyo. Recientemente, Luisa Alcalde, presidenta de Morena, y Carolina Rangel, secretaria general del partido, visitaron la Embajada cubana para manifestar su apoyo, un gesto que fue agradecido públicamente por las autoridades cubanas.
En un movimiento significativo este mes, dos buques de la Armada mexicana zarparon de Veracruz cargando 814 toneladas de víveres hacia Cuba, diseñado para fortalecer la cooperación sin desafiar las sanciones estadounidenses. Mientras tanto, el Gobierno cubano ha confirmado que no ha recibido un solo cargamento de combustible desde diciembre, subrayando la dependencia de la isla en sus aliados, con México siendo uno de los pocos que aún respaldan su economía.
Las sanciones de Trump, que incluyen una “emergencia nacional” sobre Cuba, han paralizado los envíos mexicanos, rompiendo una relación anteriormente robusta que posicionó a México como el principal proveedor de la isla. Ante este panorama, Sheinbaum ha declarado su intención de continuar buscando formas de brindar solidaridad al pueblo cubano sin poner en riesgo a México, centrando su retórica en la ayuda humanitaria y estableciendo negociaciones para reabrir el canal de intercambio de petróleo.
La política exterior de Sheinbaum refleja un histórico principio de respeto a la soberanía y una postura de no intervención que se remonta a la Revolución Mexicana. En este contexto, su administración sigue la tradición del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien, durante su visita a La Habana en 2022, fue condecorado con la Orden José Martí, lo que demuestra un fortalecimiento en las relaciones bilaterales, marcado por un aumento en el intercambio de petróleo por servicios médicos.
La continua escalada de tensiones con Estados Unidos, que ha incluido ataques verbales hacia aliados regionales de México, resalta la complejidad del entorno diplomático en el que Sheinbaum se mueve. Con un delicado balance entre apoyar a Cuba y no desafiar a Washington, la estrategia de su Gobierno busca mantener la tradición diplomática mexicana de auto-defensa ante políticas expansionistas.
A medida que avanza 2026, el apoyo de México a Cuba seguirá siendo objeto de atención, no solo por su impacto en las relaciones entre ambos países, sino también por su resonancia en el interior de la política mexicana, donde la crisis cubana actúa como un catalizador que desafía los ideales y la integridad de Morena.
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