Parte del artículo que usted está a punto de leer ha sido escrito por una máquina. Dado que no está firmado por ella, cosa que podría ocurrir, ¿a qué se refiere la anterior afirmación? A que la inteligencia artificial (IA) ha convertido en pocos minutos una hora entera de conversación en texto. El sueño de cualquier periodista criado en la tediosa tarea de transcribir entrevistas durante mucho más tiempo del que duró el encuentro. Pero este sistema que ha reconocido el sonido del variopinto lenguaje humano, lo ha digerido y ha escrito una serie de frases puntuadas con sentido es solo una pequeña estrella en la galaxia ubicua de esa disciplina que ve y oye sin ojos y oídos, que aprende automáticamente y que usa patrones similares a las redes neuronales humanas para ejecutar tareas tan complejas como ganar al Go, diagnosticar enfermedades con parecida destreza a la de los médicos o buscar en la ingente selva de internet.
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Más fármacos, por favor. La contribución de la IA a la medicina es ingente, desde el ya conocido diagnóstico de enfermedades mediante el reconocimiento de imágenes —Google acaba de anunciar una aplicación capaz de identificar hasta 238 dolencias de la piel con una pericia similar a la de los dermatólogos— hasta predecir paradas cardiacas después de aprender 72 datos de 133.000 pacientes.
Contra el coronavirus. La súbita sacudida de la pandemia necesitaba respuestas rápidas. Una iniciativa invitó a los científicos a presentar propuestas de antivirales y PostEra, una empresa emergente británica de IA, evaluó al menos 10.000 aportaciones con herramientas de aprendizaje automático para analizar la facilidad con la que se podían fabricar los compuestos y diseñaba rutas para sintetizarlos. “Lo hacía en menos de 48 horas. Los farmacéuticos humanos habrían tardado entre tres y cuatro semanas en realizar la misma tarea”, resalta el índice de Stanford. También IBM ofreció una herramienta similar para auxiliar en la investigación de medicamentos.
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¿En qué puedo ayudarte? No solo en casa (Alexa) o en el bolsillo (Siri). Mantenemos muchas conversaciones con máquinas, dice el jefe de investigación de IBM. La IA “está implicada en la atención al cliente de casi cada empresa en todo el mundo; incluso cuando hay una persona que atiende, un algoritmo está detrás guiándola. Muchas veces acabas hablando con un asistente virtual equipado con tecnologías conversacionales. Es la aplicación más extendida”.
Salve a los animales. Los elefantes africanos se enfrentan a la extinción por la deforestación y la caza furtiva. Su población ha decrecido un 60% en los últimos 50 años. ¿Cómo poner coto a esa desastrosa tendencia? De entrada, contando a los paquidermos, con el consiguiente riesgo de error y peligro para los humanos. Ahora un algoritmo acompañado de tecnología de imagen de alta resolución capacita a un satélite para escanear grandes superficies, hasta 5.000 kilómetros cuadrados, en poco tiempo.
Un crédito sin ser cliente. Hay 1.700 millones de personas en el mundo sin cuenta bancaria, expone Oliver. “Pero la mayoría tienen móviles básicos. Y la IA puede elaborar a partir de los datos que los celulares dibujan sobre el comportamiento del usuario un modelo de riesgo para que puedan obtener un crédito. Se utiliza en países en desarrollo, incluyendo en Vietnam, Bangladés, Ruanda o Colombia”. Así se consigue la inclusión financiera.
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Llaves de la ciencia. Si hay un hito crucial —publicado a finales del año pasado—, es el que resuelve uno de los mayores problemas de la biología: la predicción de la forma que tienen las proteínas en el espacio, esas estructuras que nos mantienen vivos. AlphaFold2, una red neuronal desarrollada por DeepMind, filial de Google, consiguió adivinar con éxito a partir del plano de la proteína —su secuencia lineal de aminoácidos— cómo se configura en tres dimensiones, “algo que determina su función”, explica López de Mántaras. “Los biólogos están encantados”, prosigue, “dicen que cambiará la medicina, la investigación, todo”.
Ver supernovas. El profesor López de Mántaras se siente fascinado con la ventana que la IA abre al universo. “Con aprendizaje automático se ha podido identificar y clasificar supernovas, hacer un mapa del universo, de las galaxias, y también encontrar exoplanetas”, explica. Hay un sistema que, bajando a nivel de píxeles, etiqueta estrellas y galaxias en bases de datos de observaciones astronómicas.
Darnos de comer. En un mundo superpoblado, que ha perdido la mitad de su tierra cultivable en el último medio siglo, asegurar la alimentación es clave. “La IA está presente en la agricultura de precisión, la detección automática de plagas y optimización de las cosechas”, expone Oliver. Se monitorizan cultivos y suelos con sensores e imágenes tomadas con drones, y mediante aprendizaje automático se predice el impacto de los cambios meteorológicos.
¿Qué tiempo hará mañana? La predicción meteorológica, dice el profesor López de Mántaras, “se basa en modelos matemáticos muy complicados que requieren mucha capacidad de cálculo en superordenadores. Con la IA ya se pueden conseguir predicciones utilizando un ordenador 7.000 veces menos potente que los que se usan ahora”.


