En el corazón de Silicon Valley, una nueva variante del fervor religioso ha surgido, una que intercambia la búsqueda espiritual por el comercio de unidades de procesamiento gráfico (GPU). Esta transformación ha llevado a una explosión de valoraciones en startups de inteligencia artificial (IA) que podrían nunca alcanzar rentabilidad, levantando un debate crítico sobre la posibilidad de estar inmersos en una burbuja financiera. Mientras algunos ven una manía insensata, otros proclamando la llegada de una deidad digital anticipan que nada, ni en dólares ni en carbono, es demasiado alto para desarrollar una “superinteligencia” que prometen resolver todos los problemas de la humanidad.
Imaginemos, por un momento, que para 2035 —cuando se proyecta que el calentamiento global supere el límite de 1.5°C establecido en el Acuerdo de París de 2015— lográsemos crear una “mente” capaz de abordar cualquier desafío que enfrentemos. En un hipotético diálogo entre este ser y su creador, podría comenzar así:
Humano: “Hola, superinteligencia. Hemos sacrificado nuestro capital y nuestra infraestructura energética para darte vida. ¿Cuál es tu plan para asegurar un futuro próspero para la humanidad?”
El Oráculo: “Primero, descarboniza la economía global de inmediato. Si continúan en su trayectoria actual, el planeta se calentará 3°C o más. Esto provocará cambios irreversibles que han comenzado a manifestarse, como el deshielo de la Antártida y la Amazonía, lo que resultará en un aumento significativo del nivel del mar y otras crisis medioambientales.”
El humano, frustrado, responde: “Te creamos para guiarnos sobre cómo evitar este futuro. ¿Qué pasos debemos seguir?”
El Oráculo vuelve a advertir: “Ya tienen la hoja de ruta desde la década de 2020. Se requiere una inversión global anual de más de 6 billones de dólares en acciones climáticas. Les estoy repitiendo su propia investigación con una voz que les ha costado 15 billones de dólares escuchar.”
El reto es claro. Las decisiones fallidas y la producción descontrolada de combustibles fósiles para alimentar los centros de datos han significado un incremento del 20% en la demanda de electricidad. Esto ha llevado a un aumento del calentamiento global, encareciendo aún más el proceso de descarbonización.
La situación también se ha visto agravada por prácticas financieras cuestionables que recuerdan a la era previa a la crisis financiera de 2008, donde se emplearon vehículos de propósito especial para ocultar la magnitud de las deudas mientras fomentaban un ciclo insostenible de inversión mutua entre empresas.
El diálogo hipotético subraya la irrealidad y la débil lógica que subyacen a la actual obsesión tecnológica. La variante de Silicon Valley ha tratado el cambio climático como un problema de información en lugar de reconocerlo como una cuestión de acción. La superinteligencia, al igual que cualquier otra innovación, puede que no tenga la solución a desafíos físicos inminentes que solo pueden ser abordados con voluntad política y acción colectiva.
A medida que 2035 se aproxima, debería quedar claro que la adopción de políticas proactivas, como un impuesto al carbono que capture el costo social del carbono, es esencial. Países como Singapur y China han comenzado a implementar estrategias que enfatizan la descarbonización y la modernización de las infraestructuras energéticas.
Estados Unidos, bajo un estado político enredado y difícil, todavía se enfrenta al reto de superar la barrera partidista en temas energéticos. Si sigue considerando la transformación de su red eléctrica y la acción climática como divisiones políticas, podría quedar pronto relegado en un mundo que avanza rápidamente hacia la sostenibilidad.
Mientras se pone toda la fe en la creación de la IA más avanzada, la realidad es que la competitividad de la economía americana podría sufrir, dejando a la humanidad al borde de problemas irreversibles en el planeta. La historia nos ha mostrado que la innovación técnica no debe suplantar la urgencia de actuar; en su lugar, debe servir como un complemento a las soluciones que verdaderamente pueden marcar la diferencia.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


