El debate sobre la idoneidad de las nominaciones en la categoría de Mejor Canción Original sigue generando controversia. Aunque el tema específico de las nominaciones a los KPop Demon Hunters ha captado la atención, el problema subyacente es aún más preocupante: la escasa calidad de los nominados en general. Películas como Sinners y KPop Demon Hunters han sido reconocidas, pero la inclusión de otra pieza de Diane Warren, sumada a una canción de una producción desconocida, plantea dudas sobre la seriedad de los premios. Canciones efímeras que suenan solo durante los créditos, interrumpidos por Netflix, sugieren que algunas nominaciones parecen existir más para cumplir un requisito que por su verdadero valor artístico.
El entorno cinematográfico posee una vibrante comunidad musical, pero las nominaciones a Mejor Canción Original a menudo carecen de mérito. Este año, excelentes temas como “My Baby (Got Nothing at All)” de Japanese Breakfast, y “Clothed by the Sun” de Daniel Blumberg y Amanda Seyfried, quedaron fuera de la lista, lo que resulta desconcertante.
Históricamente, la categoría ha atravesado altibajos. En las décadas de 1930 y 1940, las películas eran plataformas vitales para nuevas composiciones, y las nominaciones llegaban a ser casi diez, representando una era en la que las canciones originales eran un elemento central en el cine. Aunque muchos de esos temas han caído en el olvido, en su contexto, eran reflejo de una realidad cinematográfica diferente.
Durante los años 80, se produjo un resurgimiento con el auge de los álbumes de bandas sonoras. Canciones emblemáticas como “Fame” y “Eye of the Tiger” dominaron las listas, marcando un periodo dorado para las composiciones originales en el cine. La década de los 90 continuó esta tendencia, destacando especialmente Disney con su resurgir de clásicos memorables.
Sin embargo, en el cambio de milenio, la situación comenzó a deteriorarse. Las nominaciones y ganadoras de la categoría se volvieron, en su mayoría, mediocres. A pesar de la aparición de joyas como “Lose Yourself” de Eminem, la tendencia se inclinó hacia la mediocridad, reflejando un sector musical arrastrado por la piratería y la transformación del mercado hacia plataformas de streaming.
En la actualidad, el panorama de Mejor Canción Original parece más un premio de consolación que una celebración genuina de la música en el cine. Con un número menguante de musicales y composiciones originales, esta categoría enfrenta un desafiante futuro en el que su relevancia se encuentra en decadencia. La falta de propuestas significativas y la dependencia de unos pocos filmes dedicados a la música amenazan con convertirla en un vestigio de lo que una vez fue, a la espera de una revitalización imprescindible si se busca devolverle su antiguo esplendor.
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