La historia de México ha sido profundamente influenciada por diversas expresiones culturales, entre ellas la ópera, que ocupó un lugar significativo en la política y la sociedad durante el siglo XIX. Recientemente, una musicóloga ha revelado en su obra cómo la ópera fue utilizada como un instrumento por los diferentes gobiernos en el período que siguió a la Independencia, destacándose como un símbolo de civilización frente a las turbulencias de la era.
Desde el mandato de Anastasio Bustamante en 1830 hasta la Guerra de Reforma (1858-1861), se ha documentado que varios regímenes subvencionaron la ópera con lo que se conoce como “gastos secretos” del presupuesto gubernamental. Estos fondos, manejados con discreción, permitieron cubrir costos delicados y erogaciones confidenciales, lo que demuestra la importancia que se le otorgó a la ópera como un medio para proyectar la imagen de un país “civilizado”.
En su análisis, se destaca que la ópera no solo era entretenimiento, sino una afirmación del progreso cultural y una herramienta de propaganda. Durante este tiempo, la presencia de compañías operísticas se convirtió en un símbolo de cultura, incluso a pesar de la crisis económica que enfrentaba el país. Las funciones operísticas servían de escenario para que el gobierno mostrara su compromiso con el desarrollo cultural, mientras la población asistía a funciones que reflejaban la riqueza y sofisticación de la sociedad occidental.
La musicóloga subraya que a pesar de la inestabilidad política, los recursos para promover estas expresiones artísticas se mantuvieron estables, reflejando el interés de los gobernantes por asociar sus regímenes con un avance civilizatorio. Además, aunque la élite consumía la ópera, se ha encontrado que segmentos de la sociedad también disfrutaban de arreglos operísticos en plazas públicas.
Por otro lado, se han registrado importantes aportaciones de compositores mexicanos que surgieron en la segunda mitad del siglo XIX, quienes también jugaron un papel crucial dentro de este proyecto civilizatorio. A pesar de que su contribución fue a menudo desdibujada por la historiografía, los compositores de esa época empezaron a ser reconocidos casi como héroes, similar al rol de los muralistas durante la Revolución.
Esta perspectiva sobre la ópera en el contexto mexicano nos permite vislumbrar su impacto no solo como una forma de arte, sino como un elemento clave en la construcción de la identidad nacional y el esfuerzo por consolidar un Estado moderno. La obra que explora estos temas se presenta como un aporte valioso para comprender cómo el arte y la política han estado intrínsecamente vinculados en la historia de México.
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