El reciente discurso del Presidente de Estados Unidos en Davos ha despertado tanto interés como incertidumbre. En un contexto global marcado por la inquietud, Donald Trump destacó un crecimiento económico en su país que, a primera vista, parece impresionante. La revisión del Producto Interno Bruto (PIB) del tercer trimestre de 2026 reveló una tasa de crecimiento anualizada del 4.4%, una cifra que no se veía en al menos dos años. Sin embargo, esta victoria retórica merece un análisis más profundo.
El motor de este crecimiento parece estar impulsado por varios factores, como el auge de la Inteligencia Artificial (IA), un enfoque en el gasto anticipado debido a las expectativas de aranceles y un aumento en el gasto público. El gasto del consumidor, que experimentó un repunte del 3.5%, es un aspecto crucial a considerar. No obstante, desglosando estas cifras, se observa un aumento del 3.6% en el gasto en servicios de salud, mientras que la adquisición de mercancías solo creció un 3.0%. Esto plantea interrogantes sobre la verdadera naturaleza del crecimiento y su impacto en la vida cotidiana.
Por otro lado, el incremento en bienes durables fue más modestamente del 1.6%, y la inversión empresarial, excluyendo la construcción de viviendas, creció un 3.2%, en gran parte gracias a las significativas inversiones en IA para optimizar procesos industriales. Estos datos, aunque alentadores para ciertos sectores, contrastan con la realidad de muchos ciudadanos estadounidenses que encuentran poco alivio en sus bolsillos.
En este sentido, el PIB, un concepto teórico para muchos, no refleja la experiencia diaria de quienes luchan por mantenerse a flote en un mercado laboral que presenta un crecimiento insuficiente. Desde marzo de este año, se han promedio 28,000 empleos adicionales al mes, una cifra que no satisface las crecientes necesidades de una población en edad de trabajar. Aunque la tasa de despidos se mantiene baja, el aumento de la población activa significa que muchas personas continúan sin empleo.
La preocupación se agrava con el efecto de los aranceles impuestos por la administración Trump, que recae casi completamente sobre los consumidores. Hasta un 96% del costo de estas tarifas se traduce en precios más altos en los estantes de los supermercados, incrementando la carga económica para hogares de ingresos medios y bajos.
Mientras algunos se benefician de este entorno de crecimiento –la élite que ha visto aumentar su poder adquisitivo de forma notable–, la mayoría de los ciudadanos enfrenta una realidad cada vez más difícil, marcada por la inflación y la falta de oportunidades laborales. Esta disparidad entre una economía que muestra indicadores positivos y una realidad cotidiana que se complica es el verdadero reto al que se enfrenta la administración actual.
En conclusión, el optimismo que emana de las cifras económicas choca con una realidad palpable para muchos. La denominada “resiliencia” de la economía estadounidense presenta matices que van más allá de los números y cuya comprensión es fundamental para abordar los desafíos que se avecinan. Las promesas de crecimiento, sin un sustento sólido para la población general, podrían terminar siendo un espejismo en medio de un desierto de desafíos cotidianos.
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