La reciente caída de Nemesio Oseguera, conocido como “El Mencho”, ha marcado un punto de inflexión en la lucha del Gobierno mexicano contra el narcotráfico. Este operativo militar, que resultó en la muerte de 25 agentes, ha otorgado un respiro a la administración de Claudia Sheinbaum, quien desde hace tiempo enfrenta acusaciones de un supuesto “narcoEstado”. A partir de este acontecimiento, el tono del debate político ha cambiado drásticamente.
El incidente ha sido objeto de reconocimiento por parte de diversas figuras políticas. En octubre, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ya había recibido elogios inusuales por su actuación, algo que fue reflejado en la reciente sesión del Senado donde se tocaron temas de seguridad de manera más positiva. Sin embargo, no todo ha sido una celebración; las críticas hacia el enfoque previo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, conocido como “abrazos, no balazos”, han resurgido con fuerza. Quienes se oponen a esta estrategia argumentan que no ha resultado efectiva y que la impunidad sigue siendo un gran desafío.
Un ejemplo claro de esta crítica proviene de Ricardo Anaya, senador del principal partido opositor, quien destacó que los esfuerzos pasados para descabezar organizaciones criminales no han logrado erradicar la violencia, sino que, por el contrario, han generado más sangre en el país. Anaya, junto a otros senadores, ha insistido en que es crucial avanzar en el desmantelamiento de organizaciones delictivas, más allá de la eliminación de sus líderes.
Otro punto destacado en el debate ha sido la necesidad de atacar las finanzas del narcotráfico. Carolina Viggiano, del Partido Revolucionario Institucional, defendió la importancia de combatir el dinero que sostiene a estos grupos criminales, sugiriendo congelar cuentas y desmantelar redes de lavado de dinero. Por su parte, Luis Donaldo Colosio, de Movimiento Ciudadano, se sumó a esta línea de pensamiento, enfatizando que el problema no se soluciona únicamente mediante la captura de líderes.
Sin embargo, no todos están de acuerdo con la narrativa de una victoria plena. Lilly Téllez, senadora panista, planteó cuestionamientos sobre las motivaciones detrás de la muerte de Oseguera, sugiriendo que su eliminación pudo haber sido una medida para evitar que hablara y revelara información que comprometería a otros. Su afirmación, que ha levantado críticas, apunta a una supuesta protección de un pacto existente entre el Gobierno y el crimen organizado.
El operativo que resultó en la muerte de “El Mencho” también desató reacciones violentas por parte del Cartel Jalisco Nueva Generación, que implementó más de 250 narcobloqueos en 20 de los 32 estados del país. Este accionar dejó entrever que, a pesar de la caída de su líder, la organización continúa activa y dispuesta a causar caos, cosa que se vuelve aún más preocupante en el contexto de eventos como el Mundial de fútbol que se aproxima.
En un ambiente de incertidumbre, donde el crimen organizado aún mantiene un papel poderoso, la situación se presenta como un delicado equilibrio entre avances significativos y desafíos profundos. Mientras las fuerzas armadas reciben apoyos y se celebran las operaciones exitosas, la narrativa del “abrazos, no balazos” queda en tela de juicio, revelando la complejidad de la lucha contra la criminalidad en el país.
Este desarrollo, fechado el 24 de febrero de 2026, destaca el urgido interés de México por redefinir su estrategia de seguridad y enfrentar los retos que continúan en el horizonte.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.
![[post_title]](https://columnadigital.com/wp-content/uploads/2026/02/Lily-Tellez-suaviza-el-triunfo-gubernamental-1024x570.png)

