Lindsey Vonn, la esquiadora estadounidense emblemática, se hallaba a un paso de su sueño olímpico cuando la tragedia volvió a sobrevenir en su carrera. Su participación en el descenso de los Juegos Olímpicos de 2026 se tornó en un nuevo capítulo de dolor, después de que una caída en Crans-Montana, solo una semana antes de la competición, resultara en una grave lesión en la rodilla. A sus 41 años, y tras haber sorteado múltiples desafíos a lo largo de su trayectoria, esta última experiencia fue un fuerte recordatorio de los riesgos inherentes a su deporte.
La historia de Vonn es una mezcla de grandeza y adversidad. A lo largo de su carrera, que comenzó hace dos décadas, enfrentó lesiones significativas que desafiaron su resistencia. En sus primeras participaciones en Juegos Olímpicos, como en 2006, la joven de 21 años sufrió una caída en un entrenamiento, pero logró competir y finalizar octava en su especialidad. Sin embargo, los golpes no tardarían en seguirla.
Durante el Mundial de 2007, un esguince en su rodilla derecha puso fin a su temporada, mientras que en 2009, un accidente curioso la dejó con un severo corte en el pulgar derecho que no la detuvo, obteniendo oro en sus pruebas. Aun siendo una campeona, la lista de lesiones es inquietante: desde fracturas en el antebrazo y hematomas hasta conmociones cerebrales y daños en sus rodillas, Vonn ha acumulado un historial médico notable. Cada una de estas lesiones fue un tropiezo, pero también una señal de su valentía y determinación para regresar a las pistas.
A pesar de las adversidades, la esquiadora siguió persiguiendo sus sueños. En 2010, con un hematoma en la tibia y otros dolores, logró llevarse el oro en descenso y el bronce en super-G, mostrando una tenacidad admirable. Sin embargo, ese fuego interno encontró un nuevo obstáculo en 2013, cuando una devastadora caída la llevó a una cirugía de rodilla, marcando el inicio de un recorrido a través de procedimientos médicos que culminó, después de años enfrentando el dolor, con un reemplazo de rodilla en 2024.
A pesar de los desafíos físicos, Vonn no se rindió. En diciembre de 2024, hizo un regreso extraordinario. Con una nueva rodilla de titanio, obtuvió una victoria en St. Moritz, dejando en claro su amor por el esquí. Sin embargo, su última aparición en la élite del esquí culminó en 2026. Con la mirada fija en los Juegos de Cortina, donde ya había triunfado 16 veces en su carrera, su sueño se desvaneció en la caída de Crans-Montana, devastando no solo su cuerpo, sino también su aspira a la gloria final.
A medida que su historia se desarrolla y se cierra, se destaca la huella que Vonn ha dejado en el esquí. Su carrera es un testimonio de resiliencia y de la búsqueda incesante de la grandeza a pesar de las adversidades. La historia de Lindsey Vonn es, sin lugar a dudas, un legado de lucha, determinación y amor por un deporte que exigió su todo.
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