Los recientes datos económicos en España han levantado una inquietud palpable entre los ciudadanos. A pesar de un crecimiento macroeconómico que podría considerarse positivo en la superfície, la realidad para muchos se torna insostenible. Según cifras del cuarto trimestre de 2025, España ha logrado reducir su tasa de desempleo al 10,4%, lo que implica que aún cuenta con más de 2,5 millones de desempleados. Sin embargo, este avance es, en gran parte, una ilusión enmascarada por un contexto de indignación social generalizada, especialmente entre la juventud, donde la tasa de paro asciende al alarmante 25%.
Este panorama se ve complicado por el hecho de que, a pesar de un aumento en el número de afiliaciones a la Seguridad Social, la creación de empleo está intrínsecamente ligada a la llegada de más de 4,7 millones de inmigrantes desde 2015. Esta situación ha generado un desafío significativo para una economía que aún lucha por recuperar su estabilidad.
La inflación, por su parte, ha cerrado 2025 en un 2,7%, superando la media de la eurozona del 2,1%. Este incremento ha sido particularmente pronunciado en los precios de alimentos y bebidas, que han subido un 3% en diciembre. Por otro lado, el coste de la vivienda ha alcanzado un récord del 6,2% y los precios de la electricidad han contado con un aumento promedio anual del 15,2%, agraviado por el fin de las reducciones del IVA en el sector.
En términos de déficit público, España presenta un panorama complejo. A finales de julio de 2025, el déficit se encontraba en un 1,64% del PIB. La previsión del Banco de España apunta a un posible saldo del 2,5% al cierre del año, lo cual está estrechamente relacionado con un incremento en los ingresos públicos debido a la actividad económica. Sin embargo, la deuda pública sigue siendo una cuestión preocupante, alcanzando un 102,84% del PIB, lo que convierte a España en el quinto país de la Unión Europea con mayor deuda. Diariamente, el Estado enfrenta pagos de intereses que rondan los 115 millones de euros.
La presión fiscal es otro asunto a considerar, ya que ha aumentado de manera considerable. Desde 2010, este indicador ha crecido 5,53 puntos porcentuales, alcanzando una cifra del 36,7% del PIB, lo que se traduce en un récord en la recaudación tributaria. En 2024, se registraron ingresos cercanos a los 300.000 millones, y los expertos prevén que se supere esa cifra en 2025, impulsada por el aumento en el impuesto sobre la renta de las personas físicas debido a las mejoras salariales.
Finalmente, la situación exige una consolidación fiscal que el gobierno parece estar explorando, pero el camino por delante está lleno de desafíos. La compleja interacción entre el empleo, la inflación, el déficit y la presión fiscal dibuja un marco desafiante para el futuro económico de España. Los ciudadanos, ansiosos por ver cambios tangibles, siguen esperando una respuesta efectiva y responsable de sus autoridades.
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