Más de 2,200 presuntos miembros del Estado Islámico (EI) han sido trasladados desde Siria a Irak, en una operación coordinada por Estados Unidos que comenzó en enero. Este importante movimiento de prisioneros busca reubicar aproximadamente 7,000 detenidos en centros de detención con medidas de seguridad adecuadas, después de que las fuerzas kurdas, anteriormente responsables de la custodia, cedieran control en varias áreas.
El jefe de la célula de información de seguridad iraquí, Saad Maan, ha confirmado que 2,225 individuos han llegado a Irak tanto por vía terrestre como aérea, en colaboración con la coalición internacional contra el EI, liderada por Estados Unidos desde 2014. Estos detenidos, que incluyen sirios, iraquíes, europeos y personas de diversas nacionalidades, ya se encuentran en instalaciones de seguridad.
Las autoridades iraquíes están investigando actualmente a más de 1,300 de estos prisioneros, muchos de los cuales enfrentan un sistema judicial que ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos. De hecho, Irak ha sido señalado por llevar a cabo juicios que podrían considerarse expeditivos y por el uso de confesiones obtenidas bajo tortura.
A pesar de este contexto judicial complejo, Irak busca que los países de origen de los detenidos extranjeros asuman la responsabilidad de repatriarlos. Maan ha señalado que el traslado de estos individuos comenzará una vez que se completen las formalidades legales, aunque la cooperación internacional ha sido bastante incierta hasta el momento.
Desde la proclamación de la derrota del EI en 2017, luego del apoyo militar de la coalición, la situación en ambos países ha permanecido tensa. En el caso de Siria, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) lograron desmantelar el territorio controlado por el EI dos años más tarde. Sin embargo, el legado de la violencia que caracterizó el auge del EI, que se apoderó de extensas áreas, sigue presente, dejando a su paso un rastro de sufrimiento humano y social.
Esta situación se enmarca en un continuo desafío para la región, donde la lucha contra el terrorismo ha generado tanto victorias como controversias significativas en el ámbito de los derechos humanos. Mientras que las naciones enfrentan el dilema de lidiar con prisioneros de guerra, la estabilidad y seguridad de Irak y Siria todavía deben ser prioridades en la agenda mundial de combate al extremismo.
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