El 10 de enero, el Ministerio de Deporte, Artes y Cultura de Sudáfrica emitió un comunicado en el que negó haber censurado su participación en el pabellón de la Bienal de Venecia 2026. Esta declaración sale a la luz tras la controversia desatada por la cancelación, el 2 de diciembre, de la obra propuesta por la reconocida artista sudafricana Gabrielle Goliath.
La obra seleccionada, parte de la serie “Elegy”, pretendía abordar temas sensibles como la violencia de género y el femicidio, tanto en Sudáfrica como en el contexto internacional. Curada por Ingrid Masondo, la pieza tenía como objetivo también recordar a víctimas de violencia, incluyendo a mujeres afectadas por el genocidio perpetrado por fuerzas alemanas en Namibia a principios del siglo XX, y a Hiba Abu Nada, una poeta palestina que perdió la vida, junto a su hijo, en un ataque aéreo en Gaza en octubre de 2023.
El propio ministro de cultura de Sudáfrica, Gayton McKenzie, argumentó que la obra era “altamente divisiva” y estaba relacionada con un conflicto internacional que podría polarizar a la nación. En una carta enviada al comité de selección, McKenzie justificó su decisión al manifestar preocupaciones sobre la posible interferencia de un país extranjero en la política sudafricana. Según el ministro, había alegaciones de que este país había financiado la exposición, lo que generaba inquietudes sobre el uso del pabellón como plataforma para un mensaje geopolítico sobre Israel y Gaza.
Pese a la polémica, el comité de selección, compuesto por miembros de la organización sin fines de lucro Art Periodic, publicó una respuesta el 8 de enero en la que protestaban contra la decisión del ministerio. Este grupo había estado encargado de gestionar y recaudar fondos para el pabellón y lamentó la cancelación de la obra.
La situación ha suscitado un intenso debate sobre la libertad artística y el papel de la política en el arte. A pesar de la controversia, el ministerio no ha aclarado a qué entidad extranjera se refería en sus declaraciones ni ha proporcionado detalles sobre la supuesta interferencia financiera.
Cabe destacar que los países participantes debían presentar sus planes finales para la Bienal de Venecia antes del 10 de enero. La incertidumbre en torno a la participación sudafricana plantea preguntas sobre el futuro del arte en eventos internacionales y los límites de la expresión creativa en un paisaje político tenso.
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