Este fin de semana, Minneapolis fue escenario de un acontecimiento trágico que ha puesto en evidencia las severas consecuencias de un clima social impregnado de odio y exclusión. La muerte de Alex Pretti, de 37 años, ilustra de manera desgarradora la lógica persecutoria y el uso excesivo de la fuerza que predominan en las prácticas de seguridad de las instituciones federales, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Esta situación invita a una reflexión profunda sobre el papel que juegan el miedo y el discurso antimigrante en la política actual estadounidense.
La realidad, marcada por un ambiente de desconfianza y vulnerabilidad, revela cómo las autoridades han transformado su función en una maquinaria de persecución y abuso, emitiendo mensajes que dividen y amenazan tanto a migrantes como a aquellos que simplemente se oponen a las políticas de exclusión. La secretaria de Seguridad Interna ha dejado claro que la postura del gobierno es radical y autoritaria: “o estás con nosotros, o estás contra nosotros”, y esta retórica también desafía a aquellos que podrían pensar en resistir.
A pesar de esta atmósfera opresiva, miles de ciudadanos decidieron alzar su voz en protesta, enfrentando incluso temperaturas de -30 grados en Minneapolis. Esta marcha no solo fue un acto de resistencia; también sirvió para apoyar a la comunidad hispana y a todos los migrantes que sienten la amenaza constante de ser detenidos. Entre lágrimas y orgullo, muchos destacaron la importancia de estas manifestaciones como un bálsamo ante un panorama tan desolador.
La muerte de Pretti, quien aparentemente estaba documentando las acciones de las autoridades, resalta la fragilidad de la vida cotidiana en una sociedad donde el miedo se ha normalizado. Para muchos, salir a la calle ya no es un acto rutinario; simplemente caminar hacia una cafetería puede convertirse en una experiencia cargada de ansiedad, siempre con la posibilidad de cruzarse con agentes de ICE.
El silencio que se siente en algunas áreas, dictado por el temor a llamar la atención de las autoridades, afecta a todas las nacionalidades. Estudiantes que solían ir a sus clases o realizar actividades cotidianas ahora viven bajo la incertidumbre de encontrarse con ICE en cualquier momento. Esta situación, alarmante y preocupante, invita a cuestionar cómo se ha llegado a este punto y hacia dónde se dirigen estas políticas autoritarias.
El caso de Minneapolis expone la toxicidad de los radicalismos, expulsando una consciencia social que es fundamental para el bienestar colectivo. Las ideologías que promueven el miedo y la exclusión no solo dañan a los migrantes, sino que en última instancia afectan a la sociedad en su conjunto. A medida que estos movimientos autoritarios ganan impulso, es vital que la ciudadanía exija un cambio, recordando que la historia ha mostrado los estragos que surgen de ceder ante el desborde del poder.
Minneapolis, por lo tanto, no solo representa un triste episodio, sino un llamado urgente a la reflexión y a la acción. En este momento de crisis, es crucial que todos los ciudadanos asuman la responsabilidad de luchar por un futuro en el que el respeto y la inclusión sean las piedras angulares de nuestra sociedad. La esperanza de un cambio significativo reside en la resistencia y en la voluntad de creer que un mundo mejor es posible.
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