La reciente cancelación del pabellón que la artista Gabrielle Goliath iba a presentar en la Bienal de Venecia en representación de Sudáfrica ha levantado un torbellino de controversias y acusaciones. Según diversos reportes, el motivo de esta abrupta decisión está relacionado con intentos de interferencia de un país extranjero en la exposición.
Gayton McKenzie, el ministro de cultura sudafricano, afirmó que la cancelación no se debió a la temática sobre la guerra en Gaza, sino a que otra nación había intentado adquirir la obra que Goliath iba a exhibir al final de la muestra. Esta declaración ha generado confusión, especialmente al contradecir afirmaciones previas que etiquetaban el pabellón como “polarizador”.
En medio de la controversia, un medio israelí sugirió que la nación involucrada podría ser Qatar. Sin embargo, otros informes corrigieron esta afirmación, señalando que fue Qatar Museums —la entidad estatal que gestiona el arte en Qatar— la que había mostrado interés en adquirir una grabación de “Elegy”, la performance que Goliath planeaba presentar. Esta obra, que aborda temas sensibles como la violencia contra mujeres y personas queer en Sudáfrica y un genocidio en Namibia, esperaría captar la atención de un público crítico.
Goliath, en diálogos con la prensa, remarcó que muchos pabellones de la Bienal son financiados por individuos y entidades privados, que luego suelen adquirir las obras expuestas. “La narrativa del ministro refleja su falta de comprensión sobre la economía del arte y el funcionamiento de los pabellones de la Bienal,” señaló.
En comunicaciones previas, Qatar Museums expresó su disposición para involucrarse en el futuro, destacando su interés en compartir la obra con su curador para el Art Mill, un museo en desarrollo ubicado en un antiguo molino de harina. Tras la cancelación del pabellón, un representante de Qatar Museums se mostró resignado, comentando que dado el clima actual en Sudáfrica, fue mejor no involucrarse.
Hasta el momento, Qatar Museums no ha ofrecido declaraciones adicionales sobre esta situación.
Esta cancelación no solo plantea preguntas sobre la libertad de expresión artística en el contexto internacional, sino que también destaca las complejas interacciones entre el financiamiento del arte y la política global. La Bienal de Venecia, que se tiene como un espacio para la diversidad y el debate, ahora se encuentra en el ojo del huracán, en medio de una narrativa que sigue desarrollándose.
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