La Región Noreste de México, que abarca Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Tamaulipas, ha alcanzado la cima del Índice de Competitividad Regional (ICR) 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Con una calificación de 62.33 sobre 100, esta región se erige como la más competitiva del país, consolidando su estatus a través de un ecosistema integrado donde los estados no operan de manera aislada, sino que colaboran en diversos aspectos de su desarrollo.
Valeria Moy, directora del IMCO, ha destacado que la colaboración entre Estados es fundamental, en lugares donde las infraestructuras se complementan, como el aeropuerto de Monterrey, que beneficia a ciudades cercanas como Saltillo. Este enfoque de cooperación, en lugar de competencia, es esencial para el avance colectivo.
El Noreste brilla especialmente en el subíndice de Retención de Talento, donde ocupa el primer lugar nacional gracias a condiciones laborales atractivas, como salarios competitivos. En el ámbito de Atracción de Inversión, la región se posiciona con una competitividad alta, fomentada por su robusta estructura económica, su potencial industrial y su destacada capacidad en términos de exportaciones y PIB per cápita. Asimismo, el subíndice de Atracción de Talento resalta como una fortaleza, colocándola nuevamente en el primer puesto, producto del acceso a educación y vivienda que ofrece.
Sin embargo, no todo es positivo. En el subíndice de Retención de Inversión, el Noreste ocupa el segundo lugar con una competitividad media baja debido a preocupaciones en materia de seguridad para las empresas y la necesidad de una energía competitiva que permita mantener viable la manufactura.
El fenómeno denominado “Efecto Vecindad” también se hace presente en este análisis, revelando que el comportamiento económico de un estado influye directamente en sus vecinos. Por ejemplo, el encarecimiento de la vivienda en Nuevo León puede convertirse en un obstáculo para la capacidad de la región de atraer y retener talento, limitando su dinamismo económico. Moy incita a los actores a considerar la región en su conjunto, en lugar de ver cada estado de manera aislada, lo que podría generar “costos de frontera interno” que obstaculizan la eficiencia.
Por otro lado, el Istmo, que integra a Guerrero, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y Veracruz, presenta un panorama completamente distinto. Esta región ocupa el último lugar en el ICR con una competitividad baja, atribuida a rezagos históricos en infraestructura, alta informalidad y productividad limitada. La urgencia de abordar estos problemas a través de una colaboración interregional es clave para el éxito de proyectos como el Corredor Interoceánico.
Ante estos desafíos, el IMCO propone una hoja de ruta enfocada en la integración. Recomienda que los gobiernos estatales alineen sus agendas y establezcan mecanismos de cooperación formal, inspirándose en ejemplos internacionales como la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey. Para el sector privado, se enfatiza la importancia de diseñar estrategias y cadenas de suministro que contemplen una visión regional.
La implementación a largo plazo de estrategias como el Plan México debe tener continuidad, con un enfoque que priorice el desarrollo regional por encima de las políticas estatales aisladas. Es imperativo que se involucre al sector privado en el desarrollo de infraestructura crítica, facilitando así un crecimiento sostenible y colaborativo entre estados.
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