Cuando era niña, Nuria Diosdado (Guadalajara, 1990) soñaba con ser astronauta, pero antes de llegar al espacio descubrió la natación artística, cuando apenas tenía cinco años. Al principio, le dijeron que no llegaría lejos y se quedó fuera del equipo del club deportivo al que iba. Una década más tarde ya era seleccionada nacional. A los 20 ganó seis medallas de oro en los Juegos Panamericanos de 2010 y emergía como una de las grandes promesas de un deporte prácticamente desconocido en México.
Apenas unos días de que terminaron las competencias, le despojaron de todas sus medallas por dopaje. Dos años después competía en sus primeros Juegos Olímpicos y en los siguientes escaló siete posiciones y se metió a las finales, la mejor actuación para su país desde Sydney 2000. “He tenido momentos muy difíciles, pero el orgullo propio me ha llevado hasta donde estoy”, afirma Diosdado, “siempre quiero más y por eso he llegado lejos”.

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A unos días de entrar en competencia, sus sueños están intactos. “Aspiro, definitivamente, a tener el mejor desempeño de mi vida”, sentencia la capitana del equipo mexicano en Tokio 2020, que hace una pausa en la recta final de su preparación para hablar en entrevista de sus éxitos y sus fracasos, reírse de las camas antisexo de la villa olímpica y revelar los secretos del mundo que descubrió bajo el agua como deportista de alto rendimiento. Esta es una versión editada y condensada de sus respuestas.
Pregunta. De niña decía que quería ser astronauta, ¿es una sensación parecida cuando está bajo el agua?
Respuesta. Recuerdo que yo solía decir que quería estudiar el universo. Quería ir a ese lugar en donde no se sabe qué hay. Creo que se puede asemejar con mi vida abajo del agua. Es muy parecido, por el hecho de que es un espacio tuyo, en el que puedes flotar y moverte 360 grados sin ninguna limitación, sin paredes, sin un piso que te detenga.


